Feliz Navidad (aunque sea en manga corta)

«Mi deseo para la Navidad es no dejarme engañar por esa vorágine consumista. Lo que sí quiero hacer es compartir todo lo bueno de la Navidad»

Este artículo se escribe tarde. Cuando lo pensé, la idea de añadir en el titular la frase aunque sea en manga corta era pertinente y llamativo. Ideal. Pero cuando se publique, no solo Vigo ya lucirá el alumbrado navideño sino que el titular no será certero. Por pocos días, pero hoy la manga corta es solo para los que no temen los resfriados. Me pasa a menudo, pienso más artículos de los que me da para escribir. Unir palabras con sentido, claridad y mínima elegancia no es tarea fácil. Por si no fuera suficiente empresa dificultosa, no me alcanza para seguir a rueda las ansias de Navidad (perdón, de consumo) de las autoridades.

Querer dominar lo indomable nos lleva a luchas absurdas, por lo que en lugar de disfrutar del presente, corremos agobiados para adelantar acontecimientos por el hecho de engullirlos. Viviendo así, no damos tiempo a la preparación de los eventos, por lo que no nos fijamos ante lo que nos rodea. De esta manera, si no da suficientes réditos, la Navidad deja de ser propiedad de la Navidad.

Casi caigo en la trampa. Ataviado en manga corta en un octubre caluroso, la montaña de turrones del supermercado me seducían. “Cógeme, cógeme”, me chillaban en silencio. Mi mano, humanamente débil, caía en tentación soltándose de mi cuerpo para coger un turrón… y meterlo en el carro… “¡No!”, me grité. Mi rebeldía no fue en contra del comer turrón más allá de las sobremesas de Navidad.  Lícito es querer ganarse la vida y ampliar el nicho de mercado, pero otra cosa es tomar el pelo a los ciudadanos. Mi negativa nace porque año tras año quieren imponernos cuanto antes el consumismo de invierno (la antigua Navidad, para entendernos). No hace mucho, la ambientación navideña de las calles se iniciaban en Adviento, tiempo de preparación en el inicio del calendario religioso. Este año, sin embargo, ya ni se espera al odioso Black Friday para montar la pantomima navideña.

A este paso, en pocos años, me temo que disfrazados en bañador nos acribillarán para que arrasemos con todos los productos navideños mientras algunos celebran sus cuentas de resultados. Poco importa si los eventos del año se desvirtúan y sí, en cambio, si reportan dinero. Y ante la crítica, nos tiramos de la moto para justificar esas prisas para que sea Navidad, sacándonos de la chistera estudios para convencer a los incrédulos. No hay argumento más ruin que la justificación a base de argumentos económicos (los cuales, curiosamente, benefician a los de siempre).

Así, unos pocos se forran, pero no saborean la vida ni dejan que lo hagan los otros. Nos pueden masacrar y tratarnos como mercancía que consume, pero en mayor medida de lo que pensamos, de nosotros, ciudadanos y consumidores responsables, depende entrar en esta rueda del sinsentido en manipular el tiempo, esa verdad indomable.

Aquí en Girona, ciudad húmeda y fría, justo empezamos a abrigarnos algunas horas con abrigo. Algo inaudito, como lo es la friolera de meternos la Navidad cuando sea. No sé si el encendido de las luces fue el acontecimiento del año. De lo que sí estoy convencido es de que el consumismo puede destrozarnos. Tan cruel como esperanzador, porque depende de nosotros.

Mi deseo para la Navidad es no dejarme engañar por esa vorágine consumista. Lo que sí quiero hacer es compartir todo lo bueno de la Navidad. Así que por miedo a ir otra vez tarde, me avanzo: les deseo feliz Navidad de corazón, aunque sea en manga corta (aunque para ser más precisos, feliz Navidad con una chaqueta entretiempo).