Héroes

No estoy seguro del todo, pero entiendo que es mejor empezar con las malas noticias. Mientras os regalaban una efímera tregua para mentalizaros antes de atrincheraros dentro del concello, se hace evidente que poco nos queda ya salvo lo que los dirigentes consideran esencial: trabajar, trabajar, trabajar y si nos queda aliento, currar más.

A eso nos reducen, producir bajo una tensa calma, sabiéndonos hoy en la oficina y quién sabe si en una hora confinarnos apresuradamente. Mientras la vida y la cultura malviven asfixiadas, nos postergan con el placer de regodearnos en nuestra derrota vital. Pocos sueños nos quedan ya en este año 2020. Tal vez quizá refunfuñar de rabia ante los saltones, esos tipos que no entienden que o arrimamos el hombro todos un poquito o esto no se arregla mágicamente. Pero frotemos de nuevo con ansia la lámpara maravillosa, y crucemos los dedos para que el destino dé una vuelta de tuerca al panorama.

La magia es el engaño ilusorio, por ello, solo nos queda seguir la estela de estos humanos anónimos que arriman el hombro y luchan en esta desigual epopeya. Buena gente como la Fundación Coral Casablanca, que canta los sonidos gallegos contra el olvido, ese drama cruelísimo de soledad interior. O como los teatreros de Afundación, deseosos de continuar la fiesta a pesar de la incipiente tragedia teatral. Estimulados ante el abismo, se las ingenian para hacer pasar un buen rato streamitizado a los escolares, quizá para que no se les apague al futuro de Vigo la mecha de la pasión por vivir.

No sé yo si estos pequeños gestos vigueses revertirán la tristeza infinita de esa pandemia ni cuando podré pisar de nuevo Vigo en ruta, esa belleza que se describe con hermosura. Mientras todos esperamos soñando América y Colón tumbados des de la playa de Sela, me gustaría poder decirles en persona, si les sirve de consuelo, que con su desinteresada lucha diaria son auténticos héroes.