Equipaje de agosto

A menudo se escuchan pestes de los jóvenes en plan blablabla. Pero luego esos supuestos insensibles e insolidarios nos rompen esquemas. Yo y muchos otros yos, si  hubiéramos encontrado por casualidad una riñonera perdida en la calle, la devolveríamos con una sonrisa angelical con las llaves y toda la documentación, pero con muchísimos eurillos de menos por eso de cobrarnos la comisión de bondad.

El mundo se va al garete nos lamentamos mientras otros bravos y honestos deciden tomar partido al presenciar cómo robaban la cartera a una joven. Yo y muchos otros yos seguramente huiríamos a hurtadillas no vaya a ser que saliésemos con un rasguño. Pero un buen hombre se topó con esa injusticia y la belleza de su acto arrastró a otros muchos que pasan por ahí a retener al enfurecido ladrón. Todos pasaban por ahí de casualidad y no tenían porqué arriesgarse a nada. Podían andar distraídos y distantes como si nada, sin embargo, optaron por vestir el mundo de pedazos de esa bondad que nos permite sobrevivir.

Como el arte, que en este nuestro mundo capitalista no sirve para nada y por eso es de sutil importancia. Qué metáfora vital me parece colocar el Xa che Vigo de Lula Goce en la consulta del Cunqueiro. En esa sala, donde los pacientes sufren en silencio, qué mejor que la contemplación pausada del arte para apaciguar la zozobra de la terrible incertidumbre del diagnóstico médico. El color, las formas, la armonía, el significado de la obra y la pasión para salvarnos.

Y quién sabe si, descartados los nombres propios que me vienen de un tirón para el nuevo enclave celtiña, como San golesfatídicossonamores Iago Aspas, Bendita elegancia del frío Karpin o Mágica máquina samba Mazinho, gracias a la nobilísima norma del concurso de evitar la egolatría futbolística, al desdichado varón que perdió la nómina en su riñonera, emocionado de palpar en sus carnes el altruismo, se le ocurre bautizar la nueva ciudad deportiva con el adjetivo que revele cómo el carácter de los vigueses dibuja su mundo con trazos bravíos de humanidad a golpes de belleza y bondad.

Gracias por estos aprendizajes que me llevo en la mochila de agosto para masticar pausadamente en las calurosas tardes de descanso.