Un suspiro de alegría

Iago celebra un tanto. Foto: LaLiga

El Celta se impone al Athletic en Balaídos en un buen partido coronado por un tanto de Iago en el segundo tiempo

La vida, como el fútbol, son instantes. Pedazos fugaces de existencia que, como los antojos, vienen y van sin una explicación plausible. Soplos de azar, brazos que se elevan, un forcejeo, cuestión de segundos, el pinganillo, el VAR, la insensatez humana, saber lo que va a pasar y termina por suceder. Toda esa incertidumbre condensada en 25 segundos de partido. Tiempo suficiente para que Carles Pérez gane un balón a Vivian y salga vertical hacia el arco de Unai, perfilándose en la carrera para meter el primer gol y ofrecer, por una vez, la promesa de una tarde mejor.

Nunca en estos lares, jamás en Balaídos, no en la más absoluta mediocridad de este proyecto, condenado incluso por el VAR, con justicia o sin ella, qué más da. Porque ya nadie se atreve a aventurar lo que es mano y lo que no en este fútbol esquizofrénico de tele, de frames, de líneas y retazos, de uñas mal cortadas en fuera de juego.

Lo cierto es que el brazo de Carles estaba elevado, como el de Vivian, lo normal en cualquier disputa aérea, y la pelota golpea en la extremidad del atacante celeste. Como ese dichoso miembro estaba por encima de la altura que marca el hombro -creo que es así si no han cambiado el reglamento mientras escribo estas líneas- el trencilla de rigor, llámese hoy Díaz de Mera, anula la jugada en revisión.

Lo que no anula, porque no puede, es lo que el tanto anulado significa: una declaración de intenciones, un primer tiempo vibrante en el que Celta y Athletic ofrecen a la parroquia local un buen antídoto contra el frío: un partido digno de tal nombre. Para ello, Carvalhal ha puesto los mimbres necesarios: Pérez al carril derecho y Tapia al medio centro en detrimento de dos intocables hasta hoy, Mallo y Beltrán.  

Así, a los seis minutos certifica el buen inicio otra carrera celeste, esta vez conducida por Gabri Veiga con su zancada indescifrable, corta pero larga al mismo tiempo, devastadora y cargada de promesas. El canterano abre a Carles Pérez, cuyo pase de la muerte se pasea por el área visitante sin que Iago, espeso en el inicio, encuentre el tiempo y el momento.

Tres minutos más tarde los de Valverde recuerdan que no han venido de paseo e hilvanan su primera jugada. Una sucesión de pases que termina con uno filtrado a Nico Williams quien, por fortuna, sólo encuentra el aire en su remate.

No se descompone el Celta y continúa con su plan: uno coherente, que pasa por agruparse para salir rápidos, aprovechando la velocidad de Veiga, Carles y De la Torre, y la visión de Óscar y de Iago. Así, en el minuto 13 llega una contra fulminante que termina con un disparo raso del californiano bien atajado por Simón.

Ahí para el Celta y crece el Athletic desde la presión adelantada. Un ejercicio milimétrico digno de los equipos de Valverde, que somete poco a poco los planes de Carvalhal. Sobre esta base construyen los visitantes la mejor del primer tiempo, una sucesión vertiginosa de pases de derecha a izquierda que finaliza con un centro amortiguado con el pecho por Guruceta que, sin dejarla caer, filtra por arriba a Berenguer, que empala de primera una preciosa volea. Por fortuna para los locales la pelota se estrella contra el palo ante la atónita mirada de Marchesín.

En los últimos minutos del primer tiempo se sacude el Celta la presión y logra igualar de nuevo el escenario. Alguna arrancada de Mingueza, alguna otra de Pérez y varios ‘uys’ de centros que no encuentran rematador conducen el duelo al entretiempo.

Cambios y oxígeno noruego

De vuelta se encuentra sobre el césped Beltrán, que entra por un Tapia lesionado, y Larsen, que sustituye a un Óscar invisible. La irrupción del noruego supone aire fresco para el Celta. Desde su atalaya de casi dos metros, el delantero comienza a otear balones largos, que baja con su habitual tranquilidad, dando oxígeno a los suyos, que evitan así la presión adelantada y retoman el control del duelo.

En una de esas logra girarse y arrancar Iago, conduciendo la pelota en vertical antes de ser derribado por Yeray. En otra, el propio Larsen la baja a la derecha del área visitante, encontrando a Carles Pérez en el otro lado. El extremo se perfila para golpear un disparo que se va por encima del travesaño tras ser rozado por Vivian.

Con media hora por delante, está cómodo el Celta, inusitadamente cómodo, lo que lleva a Valverde a mover ficha con un triple cambio repentino. Entran Raúl García, Zárraga y Vesga y se retiran Muniain, Iñaki Williams y Ander Herrera. Piernas frescas para retomar la presión adelantada.

Pero nada cambia para el Athletic y todo lo hace para el Celta en el 70. Un robo rápido termina en un balón caído a De la Torre. El americano no duda y filtra el pase a Iago Aspas, que arranca por delante de Vivian y, ya en ventaja, con el brazo izquierdo desplegado para evitar un adelantamiento inoportuno, mantiene la posición y la zancada. Después, con un toque sutil con esa pierna izquierda imperecedera, aloja la pelota entre las mallas.

Uno a cero y veinte minutos por delante. Aire, oxígeno, vida, suspiros, esperanza, fe, nostalgia, puede que morriña o que saudade. Todo se junta en Balaídos para soñar con una victoria necesaria. Sensaciones asentadas por el equipo, que no se esconde y mantiene el mismo plan. Con más cabeza, eso sí, sin romperse de modo innecesario, pero sigue buscando al Athletic tratando de defender lejos del área. No siempre lo consigue, y poco a poco el marcador y la necesidad se imponen acurrucando al equipo sobre su campo, sobre esa área que, como Ancelotti explicaba hace unos días, es como una amante a la que resulta imprescindible cuidar para aspirar a ser feliz. Lo hace el Celta, que otea ya el descuento, el anhelo de tiempos mejores. Quién sabe.