
En la Europa actual, hay una élite de investigadores, en un proyecto llamado «Reina Roja». En cada país hay una persona con una inteligencia muy superior, dedicada a investigar los crímenes de más alto standing. En España, esta persona es Antonia Scott, apoyada por su fiel escudero, el policía vasco Jon Gutiérrez.
Tras haber pasado los últimos meses siguiendo la sombra de Sandra Fajardo y su sagaz jefe, el misterioso White, se ven enredados en un juego despiadado, que sólo puede ganar uno…
Autor: Juan GÓMEZ-JURADO – Editorial: Ediciones B. Barcelona, 2020. – Páginas: 528 – Género: Literatura, thriller. Público: General
Llevo unos cuantos meses viendo este libro en las librerías, y en las listas de los más vendidos. Y no bajaba de los primeros puestos. A mí no me llamaba especialmente la atención, al ser el último de una trilogía que no había leído, ni tenía interés en ello. Pero finalmente me lancé: me hice con los dos anteriores, y me he tragado los tres seguidos. Por eso, esta recensión será de los tres, no sólo del último, que quizá es el mejor.
Juan Gómez-Jurado (Madrid, 1977) es uno de los fenómenos de ventas españoles. Sus thrillers están entre los más vendidos en España y en otros cuarenta países. Y esta trilogía no se ha quedado atrás. Como decía, Rey Blanco sigue estando en los primeros lugares de los libros más vendidos… Pero, la verdad, no me parece para tanto.
Cuando leí La Reina Roja, tenía la impresión de estar leyendo un cómic. Y no de los mejores. No me gustaron los saltos del argumento, no me convenció el modo de tratar los personajes… Jon Gutiérrez me parecía el prototipo de detective de chiste español (vasco con hechuras de levantador de piedras, homosexual y listillo, que se mete en un lío absurdo supuestamente por su buen corazón…) sacado de un Mortadelo. Antonia Scott… es en esa novela un personaje salido de otra galaxia. Además, los personajes afectados por los malos del libro son ni más ni menos que Amancio Ortega y su hija Marta, y la presidenta del Santander, Patricia Botín. Claro, en la novela les llama de otra manera, pero las descripciones de los personajes, y sus familias, no lo disimulan el absoluto. Lo dicho, un cómic. Cierto, le encontré algunos detalles brillantes, como el recurso frecuente a las canciones de Sabina (ahí compartimos afición, señor López-Jurado)… Pero pocas perlas para tanto collar.
El segundo me gustó algo más. Pero mantiene dos características que no me gustan. Primero, no es necesario acudir al mal gusto en el lenguaje cuando se escribe, aunque se refiera a diálogos reales (¿por qué nadie denuncia esto?, no es lo mismo escuchar una palabra malsonante que leerla, es mucho más desagradable esto último). Segundo, deja lagunas en el argumento. Lagunas que, es verdad, resueltas – no todas – en el brillante tercer libro, Rey Blanco. Con un argumento final muy completo y adictivo, que podría dar lugar a buenas películas, o incluso a una serie, ¿por qué no?
Pero creo que un buen libro, una buena trilogía, es más que juntar palabras, o hacer un argumento de película de tarde de Antena 3. Cuánto quedó en el tintero sobre el malvado señor White, que yo no sé todavía quién es. Cómo me hubiera gustado conocer más y mejor la vida de Antonia Scott, o de su abuela, un encanto; o de su padre… Apunta complots internacionales sin desarrollarlos, quedando el argumento cojo. En definitiva: con el tercer libro, en mi opinión, sale del concepto de libro-cómic que me estoy inventando, pero no entra en el de literatura. Por más que se haya convertido en un best-seller. Otra vez será.
