Como en cada mes de noviembre desde hace 3 años, el Celta prescinde de su entrenador, siendo el primer club de Primera que lo hace
Noviembre es el mes de los difuntos. Siempre hay puente de ‘Todos los Santos’ mientras el otoño se consolida entre lluvias y frío y las hojas se caen de los castaños. Como se caen también en este mes, de modo invariable desde 2018, los entrenadores del Celta. Aquel año cayó Mohamed. Al siguiente, Escribá. Hoy lo hace Óscar García Junyent, siguiendo la senda de autodestrucción iniciada por el Club con la no renovación del Toto Berizzo, que ‘sólo’ había conducido al equipo a semifinales de la Europa League y de la Copa del Rey.
A la espera de sustituto -nombres hay encima de la mesa suficientes para ilusionar al celtismo o mandar al suicidio a la esperanza-, lo cierto es que Óscar deja tras de sí apenas 6 victorias en las 35 jornadas de LaLiga que ha dirigido desde su llegada en aquel mes de noviembre.
Los triunfos ante Villarreal (1-3), Sevilla (2-1), Leganés (1-0), Alavés (6-0), Real Sociedad (0-1) y Valencia (2-1) han sido un paupérrimo balance que le ha costado el puesto, pese a no ser, muy probablemente, el único culpable.
Frente a esto, sus cifras en LaLiga arrojan 17 empates y 12 derrotas. En total, 32 puntos en 35 partidos dirigidos: 1,09 puntos por encuentro. Ritmo, tal vez, insuficiente para garantizar la permanencia, ya obtenida el año pasado en la última jornada y gracias a errores ajenos, no a méritos propios.
El Club, por ahora, se ha limitado a un escueto comunicado en el que, más allá de «desearle lo mejor» para el futuro, agradece al técnico y a sus ayudantes el trabajo realizado y los tan manidos «trabajo, profesionalidad y esfuerzos» demostrados. Insuficientes, eso sí, para continuar al frente de la nave. El Celta tiene así el dudoso mérito de convertirse en el primer equipo de la máxima categoría que cambiar de entrenador.

