El lateral uruguayo cedido por Boca completa hoy el entrenamiento en A Madroa 24 horas después de haber recogido sus pertenencias para volver a Argentina
Celta y Boca negocian la cesión por lo que resta de curso y una temporada más, a falta de confirmación oficial
Ayer por la mañana, Lucas Olaza recogía sus cosas en A Madroa en una despedida involuntaria, no buscada, de esas que solo puede provocar el caos derivado de una pandemia. Ese mismo caos que 24 horas después lo ha puesto de vuelta en A Madroa, completando el entrenamiento con el resto de compañeros. Giros que da la vida en apenas 24 horas.
En esta ocasión, de 180 grados, toda vez que el propio Celta había anunciado la noche del miércoles, después de caer derrotado en Mallorca, que aquellos extraños minutos eran los últimos del lateral con la camiseta al no haberse puesto de acuerdo ambos clubes para cerrar su continuidad.
La situación, preocupante para el Celta -no dispone de otro defensa zurdo en la plantilla en estos momentos-, tornaba horas después, cuando se conocía que ambos clubes se refugiaban en el sentido común para buscar un acuerdo que a todos favorece. A los de Vigo, que conservan una pieza básica en los esquemas de Òscar García; a Boca, que mantiene colocado a un futbolista que nada le podía aportar en la actual situación que vive Argentina y su fútbol; y al futbolista, que cumple su voluntad de seguir vistiendo la celeste. Al menos por ahora.
Se especula con una nueva cesión que incluye los cinco partidos que restan más la próxima campaña. A falta de confirmación oficial, lo único cierto por ahora es que Olaza sigue en Vigo.

