Cuando uno no es capaz tan siquiera de cantar un gol de su equipo es que algo fuera de la norma ha sucedido. Me pasó el sábado con el segundo de Iago; me pasó hace exactamente siete años con el Tucu en el Calderón. Me ha pasado dos semanas con este Celta que es mejor de lo que imaginaba. Pesimista, no esperaba que Renato fuera una muralla más que una ‘tapia’, y que ésta vez la táctica de Chaves y el presidente en las negociaciones saliera tan de cara con Murillo.
Amaneció la tarde pensando que nada pasaría en el Tour de Francia, que se corría en septiembre, y resultó que sucedió una de esas exhibiciones que de tanto en cuanto nos regala el ciclismo; y siguiendo los consejos de alguien a quien aprecio, uno es del Celta y de los Celtics, para no liarse, y aunque los míos van de verde también son diferentes a los suyos, pero Oh maravilloso oh oh.
Y en el medio de tanta alegria 40 muy buenos minutos de la banda, como tiempo hacía; con Nolito siendo ese Manué pillo, intenso y cargado de maldad hacia el rival; con Emre haciendo plantearme si no va a ser el peor fichaje de la historia celeste aunque no tuviera su mejor día; con Aidoo manteniendo la concentración; y con Renato, limando tobillos cuando debe, dándola fácil, cubriendo espacio, apoyando, maravilloso.
Terminamos las buenas noticias con Miguel Baeza, un golpeo duro con la zurda al poste, una primera noche en la que los que veíamos con optimismo que el Madrid de Florentino se guardase una opción de compra sobre un chaval, esbozamos una sonrisa bobalicona de ilusión. Adivinen, marivilloso Oh oh.
Pero dice la canción de Sidonie que lo maravilloso es abrazarse porque han cortado la calefacción en 20 metros cuadrados de amor, y quizás vimos a Baeza brillar más porque necesitábamos ilusión ante otro día en el que Brais y Denis son intrascendentes y anodinos, otro día en el que fueron Brais y Denis, los que son, no los que pensamos que deberían ser. Mientras Maxi hacía de delantero centro de nivel y Santiago Mina sumaba más ceros a su casillero de minutos en esta 20/21 acercándose a la cantidad de ceros que hubo en su traspaso.
La salida de Murillo y Tapia, lideres en la exigencia y el trabajo, hundió al equipo celeste que se fue aproximando a Iván Villar demasiado. Iván, todo debe ser dicho que sacó una mano meritoria cerca del final del encuentro.
Todo está cerca de ser maravilloso, quizás a dos o tres altas y bajas de que en esta humilde redacción nos abandonemos a la emoción y corramos desnudos a los brazos de la sobrereacción y las expectativas desmesuradas. Y todo sostenido en demasiadas pocas espaldas, que si fallan pueden hacer volver al equipo tedioso y timorato. Pongamos una vela a San Roque para que esto no suceda, podría ser… Maravilloso oh oh.

