Lógica despedida

Algo más de 2.500 aficionados volvieron a Balaídos para cerrar la temporada. Foto: RC Celta

El Celta cierra la liga perdiendo en casa con un Betis más necesitado y capaz de levantar dos goles en contra para acabar venciendo 2 a 3

El fútbol es tan maravilloso que a veces, incluso, permite que la lógica acaba imperando; que la necesidad y la angustia, la búsqueda de la meta ya cercana, termine por imponerse, aunque por el camino al ‘Chacho’ se lo lleven los demonios, expulsado entre protestas pese a que su equipo no se juega nada. Ovacionado por la hinchada, al fin de vuelta, entre tanta tarde pandémica y estúpidas soflamas sobre la pertenencia de este deporte.

Y esa imagen, esa expulsión, esa grada que recobra la vida con poco más de 2.600 hinchas, esa aclamación al héroe inopinado, es el culmen de un duelo que se escurre entre los dedos. Que el Celta comienza ganando y acaba perdiendo. Lógicamente. Porque tiene que ser así. Porque al Betis, pese a todo, pese al orgullo del ‘Chacho’ malherido, le va la vida en el intento.

Y eso que Iago no está por la labor, y pone el uno a cero tras penalti de Bartra sobre Santi, llenado de tensión una jornada en la que se masca la tragedia en cada campo, en cada pedacito de césped malparido. La pena máxima, dudosa cuando menos, inclina la balanza al intermedio, en un primer tiempo digno de última jornada, con más roces que juego, con más peso en las piernas que oxígeno en los cerebros.

Situación que se agrava para el Betis a la vuelta de vestuarios. Un error de Álex Moreno saca la zurda de Brais a relucir, que pone la pelota en el segundo palo, con una de esas roscas tan suyas, tan sutiles.

El horizonte abierto para una sexta victoria consecutiva. Pero al Betis le acucia el tiempo y los marcadores, con el Villarreal ganando por entonces en Madrid, y la Real en el alambre de Pamplona. Un escenario en el que un penalti de Nolito abre las puertas hacia la remontada necesaria. Borja Iglesias pone el 2 a 1 antes de que el VAR vuelva a parar el tiempo y la paciencia para decretar, finalmente, falta en la frontal a favor de los de Pellegrini. Lo que podía ser otro penalti acabó siendo gol de todas formas, con la ejecución de Fekir para poner las tablas.

Dos a dos y al Chacho, ya está dicho se lo llevan los demonios, cansado tal vez de tanta intrascendencia tecnológica, de tanto suspirar entre visiones a cámara lenta capaces de cambiar cualquier imagen. Y como el Chacho es Vigo, Vigo responde al Chacho, y Balaídos, o al menos ese trocito que hoy está, se levanta y ovaciona a un entrenador que en apenas medio año ha mudado el rostro y el relato de un equipo entonces perdedor, hoy fanático de la victoria y del ataque. Débil, aún y pese a todo, en la parcela defensiva. Suficiente para el Betis y para Víctor Ruíz, que a la salida de un córner, sólo un par de minutos después del empate, voltea el marcador.

De ahí hasta el final lo intenta el Celta, aunque nada se juega en el envite, y aguanta el Betis, con uno menos tras la expulsión de Tello. Suena el silbato y se cierra una temporada más. No una cualquiera. Una que jamás olvidaremos: la liga del Covid, y la del primer año después del ‘Chacho’.