Lance

Por José María Sendra

Dice Lance Amrstrong en el inicio de su documental, que va a contar la verdad, su verdad, su verdad de hace 20 años, no lo que piensa ahora ni lo que le gustaría decir para justificarse. Su verdad, qué paradojas. Lo es y también es una mentira tras otra, cargadas de la soberbia del deportista más odioso y odiado de la historia moderna.

Decían en la sede de Príncipe que esta era una de las mejores plantillas de la historia del Celta de Vigo, cargados de “jugones” y de soberbia, contaban su verdad, la verdad de agosto de 2019, la verdad pre pandemia, era su verdad.

Yo mismo, tras 98 días sin sufrir y un mes de buenos resultados traídos por la sinfonía amarrategui de Óscar García, creí nuevamente, pensamos, pensé que la calidad de Iago o de Rafa sería más definitiva en esta liga express de Tebas. Hice tan mía esa mentira, la promulgué tanto para que se la creyeran otros, que me la creí y se convirtió en mi verdad de la segunda semana de junio. Adivinen, estaba cargada de mentiras.

Y Óscar García, que nos devolvió la esperanza en enero y febrero, creyó también que su plantilla era profunda y sacó a Pepe cheikh y a Juan Hernández de inicio, porque es lo que toca en esta rara competición que nos hemos encontrado, rotar, hacer cambios que jueguen y aporten todos.

Hernández fue un desastre, voluntarioso desastre, pero interpretó el partido peor que nadie, no ayudó a tapar ese insultantemente superior medio del equipo groguet, se vino en corto cuando acuciado Olaza le solicitaba largo, se perdió en largo cuando Bradaric le pedía corto, y ni una vez encaró al punto débil de la alineción del Villarreal.

Lo de Pape lo describiría el genio difunto de Manel Comas con su más conocida frase -búsquenla, que si la escribo en estos tiempos le cierran el diario a un amigo-. Pape, pantera dice, trota como gacela y sólo es intenso en presiones desmedidas y poco inteligentes, duro cuando no hay que serlo, perdido el resto del tiempo.

Al descanso el técnico de Sabadell volvió, asustado, a lo que funcionó antes del coronavirus, Aidoo secundado y Okay tratando de ordenar las ideas. Pudiera parecer que no, pero funcionó porque el partido se volvió aburrido y el Celta no tiró a puerta, pero tampoco es que lo hiciera mucho ante Getafe, Granada o Real Madrid por ejemplo.

Y para terminar el sainete, llegó el último truco, el último gran engaño, Pione. Su talento, siempre nos engaña, puede escupirnos en la cara, pero a Sisto el recuerdo de aquella su primera temporada (casualidades, la única con el Toto) le mantiene con opciones siempre. A veces Pione recorta pega y marca, a veces Pione recorta donde no debe y expone a nuestros centrales.

Rubén, la primera parte de Hugo Mallo sellando su banda y el estricto orden de Bradaric, del resto es mejor no decir palabra, ni tan siquiera de la voluntad y buenas ideas de un cuerpo técnico que sigue contando con el beneplácito de la afición porque intenta, tiene ideas y trata de sacar beneficio a una plantilla que, como se imaginan, no es la mejor plantilla de la institución celeste.

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