La Diputación impulsa en Vigo una muestra para poner en valor el «talento» artesanal de la provincia

La muestra permitirá ahondar en dos miradas de mujer manteniendo las tradiciones en el siglo XXI.

Carmela Silva destaca el «excelente trabajo» de Elena Ferro y Paula Ojea, las dos artesanas galardonadas con el Premio Nacional 2019 que exhiben zocos y cerámica en la sede provincial en Vigo

Poner en valor las tradiciones gallegas «desde diversas perspectivas pero ancladas en la actualidad y en la vanguardia» es el principal objetivo de las nuevas actividades culturales que la Diputación de Pontevedra organiza en su sede de Vigo. Así, hasta el día 26 de febrero la institución provincial exhibe una muestra de Elena Ferro y Paula Ojea, de Vila de Cruces y Nigrán, que el pasado año recibieron el Premio Nacional de Artesanía por su trabajo, y este viernes 21 de febrero se celebrará un desfile del traje tradicional gallego, que servirá para mostrar la colección de la Asociación Etnográfica Sete Espadelas.

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La presidenta provincial, Carmela Silva, destacó hoy que la exposición de Ferro (que exhibe zocos de sus colecciones y piezas de marroquinería) y Ojea (cerámica) «permitirá ver una pequeña muestra de su trabajo y nos permitirán sentirnos orgullosos del talento que tenemos en la provincia pontevedresa, tanto en la costa como en el interior». Definió esta muestra como «dos miradas de mujer manteniendo nuestras tradiciones en el siglo XXI» y destacó que «el talento está extendido por la provincia y tiene nombre femenino también». «Visibilizar su trabajo habla del femenino y de las mujeres ocupando todos los espacios, creando y generando además actividad económica», subrayó.

Ferro recordó esa tradición familiar con la que le fue «fácil aprender», que inició su abuelo en el 1915 y continuaron su padre y su tía en su taller cuando el medio de venta «era ir a las ferias». Tras la decadencia de esta tradición a partir de los 70, que hizo que los zocos casi desapareciesen, ella decidió recuperarla a partir de 1995: «Ya que los zocos habían protegido a tanta gente del campo no podían ser tan malos; si protegieron los pies de tanta gente del frío y de la humedad, me dije, tengo que intentar que no muera». Fue en el 2010, tras «muchos años de pruebas y errores» y tras cambiar la base de la madera de los zocos para adaptarla a los nuevos terrenos y hacerlos más cómodos, cuando fructificó su apuesta. «A partir de ahí ya se puede decir que es un oficio que no está muerto, que continuará», señaló, antes de añadir: «Este premio es un orgullo para la familia y para el rural gallego, tenemos unos oficios tradicionales que no debemos dejar morir, como toda nuestra cultura y nuestro idioma. La cultura enriquece, no empobrece».

Por su parte, Paula Ojea, que cómo mencionó Silva recibió el Premio Nacional de Artesanía al producto por su colección Cut & Fold, recordó sus inicios en la cerámica a los cinco años de la mano de su maestra Emilia Guimeráns, «mi referente durante toda mi vida». Tras dejar su afición para estudiar Ingeniería Civil en la Coruña y comenzar a trabajar en Nueva York, la retomó, «al darme cuenta de que era una disciplina muy versátil que me permitía incorporar mi visión y experiencia como ingeniera». Después de un tiempo compaginando ambas facetas, decidió arriesgar con la cerámica, y reconoció que su colección premiada «es la que más representa mi apuesta por incorporar la ingeniería a la cerámica, porque son piezas de corte geométrico que parece que se inclinan y algunas parecen inestables, yo les llamo piezas imposibles.» «Por eso el premio fue aún más gratificante, porque fue a verificar que fue una apuesta arriesgada, pero que va por el buen camino». Añadió que su trabajo está inspirado en su entorno y experiencia, «desde los rascacielos de Nueva York hasta los colores del cielo en Galicia y los grises de la costa atlántica».

Desfile

En lo que se refiere al desfile del traje tradicional de este viernes en la sede viguesa de la calle Chao, la presidenta de la Diputación, explicó que lleva por título «Un vistazo por las arcas cerradas», y mezclará «el carácter lúdico y didáctico con la puesta en valor, la conservación y difusión del patrimonio de nuestra tierra». Más al por menor, avanzó que en la pasarela se mostrarán cerca de 60 trajes de mujer y hombre de la «maravillosa» colección de Sete Espadelas, «de diferentes clases sociales , de los siglos XVIII y XIX y de diferentes comarcas de Galicia, en la que reivindicamos nuestra indumentaria y su papel como patrimonio inmaterial heredado de nuestros ancestros y unido a nuestra cultura e identidad». En el desfile habrá «verdaderas joyas antiguas», dijo Silva, que destacó a labor realizada por este colectivo etnográfico, «que tenemos que reconocer todos los gallegos y gallegas, porque hacen estudios sobre los trajes tradicionales de diferentes lugares de nuestra comunidad y amais y tienen verdaderas joyas que recuperaron y que estarían perdidas se ellos no habían hecho ese trabajo». «Amais añadió, después del análisis riguroso de como eran los trajes tradicionales van haciéndolos para que no se pierda esa variedad tan rica, que habla de un territorio común pero tan diverso a la hora de vestirse tradicionalmente». Apuntó que la gala, en la que ella también se vestirá con uno de los trajes, «va a dejar asombrado a todo el mundo».

El tesorero de Sete Espadelas, José Luis Rodríguez, subrayó que el desfile exhibirá «tesoros de los gallegos y de las gallegas» y explicó que el nombre de la pasarela viene «porque las arcas eran los enormes cajones donde se guardaban los trajes y se abrían sólo para los días principales de la vida de las personas». Dentro de las joyas que mostrarán en la gala, figuran paños de manila, algunos con 200 años «y que están en perfecto estado de conservación por el interés de las personas de conservarlos porque sabían de su valor y por dejarlos en herencia». «Cuando sacamos estos trajes a la luz y nos dimos cuenta que en el pasado hubo distorsiones con respeto al traje regional, que era otra cosa apuntó había otros colores, diseños y patrones, la gente se sorprende. Hoy, al acercar a la todos un traje de la montaña lucense de Mondoñedo o de la raya del Miño o Valdeorras, nos damos cuenta de la riqueza del patrimonio inmaterial de nuestra atuendo». Rodríguez explicó que desde sus inicios, la asociación intenta «recuperar piezas antiguas, volver a reproducirlas y estudiarlas». Su trabajo está recompensado con numerosos galardones, como los 25 primeros premios del certamen anual de Santiago o los once de investigación sobre traje tradicional gallego. El portavoz de Siete Espadelas añadió que el pasado año, la exposición celebrada en el Museo de Pontevedra, «Galicia, la tierra de los mil paños» recibió 11.000 visitas sólo en un mes y vendió 400 catálogos en la primera semana. «Cada vez tenemos más socios que colaboran para hacer de modelos, restaurar o coser», reconoció.

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