La cuarta estación del Vía Crucis celeste

Coudet dirigiendo un partido del Celta. Foto: LaLiga

Entonces le prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote; Pedro le iba siguiendo de lejos. Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos. Una criada, al verle sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: «Este también estaba con él». Pero él lo negó: «¡Mujer, no le conozco

Tras el soporífero partido de Cádiz con la permanencia sellada, con el cuerpo y la mente exhaustos tras tres salvaciones agónicas consecutivas, negué al ‘Chachismo’. Me bajé, me presenté en casa y le dije a la madre de mi hijo: «Mujer, no veré más al Celta este año, no le conozco».

Poco después, otro, viéndole, dijo: «Tú también eres uno de ellos». Pedro dijo: «¡Hombre, no lo soy!». 

Marcó pronto Hugo Mallo en Anoeta, y quise volver y entre que buscaba un enlace para no pagar 100€ mes para ver el fútbol que es de los hinchas, empató la Real y volví a negar al Chacho, no soy uno de ellos, a mi olvídenme hasta la 2021/2022.

Pasada como una hora, otro aseguraba: «Cierto que este también estaba con él, pues además es galileo». Le dijo Pedro: «¡Hombre, no sé de qué hablas!». Y en aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo, y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo: «Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces». Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.

Y mientras aun me dolía la derrota con el Sevilla por impotencia, mientras rumiaba la oportunidad perdida en la tacita de plata, mientras el dejar escapar ventaja en San Sebastián ya casi no me dolía, el Chacho siguió trabajando y sacó 9 de 9 puntos posibles, y a la tercera victoria cantó el gallo mientras yo decía a mis allegados que no sabía de qué me hablaban, que no conocía esa Conference Cup y amargamente comprobé que antes que cantase el ave de corral 3 veces había negado al ‘Chachismo’.

Últimos nos cogió don Eduardo Coudet y ya les dije a ustedes hace unos meses que era quien de hacer que olvidemos al Eduardo primigenio. Últimos nos cogió y nos tiene soñando ya desatados y sin miramientos, como se ha desatado Mina, sin complejos como aquellos que atenazaban a Brais. El Chacho es lo que nos merecemos, el Chacho nos ha devuelto la fe.

Y la fe es irracional, porque así debe serlo, y la fe mueve montañas o nos hace pensar que podremos moverlas y mis cábalas están hechas y no voy a necesitar para creer tocar la herida en el costado del ‘Chachismo’, provocada por una lanza en un costado mal defendido por un despiste de los centrales. 

Antes del Chacho solo había barbarie, últimos nos cogió debemos repetirlo, últimos con un proyecto basado en canteranos deprimidos y en una zurda irreductible de Moaña que todo lo salvaba. Meses después ha tapado algunas vergüenzas estructurales, ha dado más minutos de futbol que todos los despojos de la Masía juntos, y nos ha devuelto el derecho a soñar, a pensar como dijo Chicharito en «cosas chingonas».

Esta cuarta estación debe ser la última, no podemos esperar a la 14. Será la de aprender que no hemos estado tan lejos haciendo muy poco, será la de pasear por los campos de Kazajstán o Gibraltar en ese nuevo engendro que la UEFA se ha inventado, una competición cuya primera final se celebrará en Albania. Si Sepp Blatter levantara la cabeza.

Que más da, solo sé, y eso me dice la fe, que sobre esta piedra si se puede edificar una iglesia. El ‘Chachismo’ o la barbarie.