Año 997 d.C., en la costa de Inglaterra. Edgard y su familia, constructores de barcos, sobreviven a un ataque de los vikingos, pero tendrán que empezar de cero en otro lugar y como agricultores. Por otro lado, Aldred, joven monje del mismo condado, está intentando luchar contra el mal ejemplo que dan algunos sacerdotes. Y por último Ragna, joven hija de un noble normando, que no se resigna al papel tradicional de mujer ama de casa, va a casarse con el conde del lugar.
Autor: Ken FOLLET – Editorial: PLAZA Y JANÉS. Barcelona,2020. – Páginas: 576 – Género: Novela histórica. Público: Adultos
Acabo de terminar de leer esta
novela, y la primera sensación que tengo es que me han engañado. Así, con todas
las letras: me han engañado, y me siento tremendamente defraudado.
Voy a decir una verdad, por
delante: soy de ese porcentaje de personas que no han leído Los pilares de
la tierra, y que encima lo reconocen. Porque ese fenómeno editorial de más
de mil páginas, ha sido muy vendido, pero no sé si muy leído. En todo caso, yo
no lo leí, porque una persona de cuyo criterio me fío a pies juntillas me dijo
que no me iba a gustar. Y obedecí. No me arrepiento de haberlo hecho.
Pero ahora, y para las personas que me siguen, decidí atreverme con éste, supuestamente precuela del anterior (¿o lo presentan así como manera de hacer dinero, a cuenta del anterior? No lo sé). ¿Por qué digo que me he sentido defraudado? Porque esperaba una novela histórica, y me he encontrado con un thriller muy moderno y rápido, con algunas trazas de culebrón, salpimentado con aventuras eróticas aquí y allá para que el lector no se aburra y planteamientos anacrónicos en los protagonistas, que no se daban en la época.
No es que yo me crea que puedo
criticar a Follet. Pero debería haber situado la acción en una época más
actual. Entonces sí me resultaría creíble el encantador personaje de Ragna y su
amor imposible (y aquí me callo por no hacer spoiler), o de algunos
personajes femeninos con ideas que incluso hace cincuenta años parecerían
modernas, así que no digamos hace once siglos. Y además, tengo que hablar alto
y claro de los prejuicios tremendos que observo en el autor contra la religión
y todo lo que tenga que ver con Dios.
En esta novela, todos los
sacerdotes son hombres muy malos, casados, y que además de a sus mujeres,
mantenían a sus concubinas: obispos incluidos. Y ¡qué casualidad!, los dos
religiosos (hombre y mujer) con más protagonismo, gente buena y preocupada por
los demás, resultan ser homosexuales. ¿Prejuicios, señor Follet? A mí me parece
que sí. Es cierto, como el propio autor explica, que hay muy pocas fuentes
históricas para conocer esa época (así es muy fácil fabular…), y que las normas
con respecto al celibato sacerdotal no estaban claras (habría que esperar a
Gregorio VII, casi ochenta años después, para que quedara definitivamente
establecido), y los papas eran muy poco ejemplares (se llamó el siglo oscuro de
la Iglesia). Pero se ve claramente que usted ha cargado contra todo lo que la
Iglesia fue – y aún sigue siendo -, y ha decidido pintarla con colores que no
le corresponden. No, la Iglesia no es eso que se describe en el libro, señor
Follet. Además, me consta que hace usted lo mismo en otras novelas. Es incómodo
para un cristiano, falso para cualquier lector con algún conocimiento
histórico… Es fraudulento.
No digo más. Como culebrón, es bastante completo,
¡pobre Lady Ragna, todo lo que tuvo que pasar! Como thriller, es impactante;
pero por favor, no le añadan el término histórico: que no engañen a nadie más.