Demasiado tarde, demasiado lejos

Mina celebra el gol del Celta. Foto: LaLiga

El Celta cae 1-3 en Balaídos frente al Madrid en un partido en el que los blancos cobran dos goles de ventaja antes de la media hora de juego

El estadio no retumba, ni vibra, ni sufre, ni padece, ni se eleva hacia el cielo si es que hay gol. Es como una tumba gigante de cemento, adecentada el día de difuntos e ignorada el resto de las horas. Así es el fútbol en tiempo de pandemia: una inmensa y absurda soledad que el sol de las cuatro de la tarde muestra en todo su esplendor, camino ya de una inminente primavera, con el sol los pequeños chispeos de de polen en el aire. Un escenario confortable al que Celta llega demasiado tarde.

O tal vez el Madrid entra al partido con la inercia de la Champions, de la cómoda victoria ante la Atalanta, del confort de una media poblada con Casemiro, Kroos, Modric y Valverde ante la que se multiplica, como puede, Renato Tapias, doliente del pie, de la espalda, de la cadera… incluso diríase que del alma, siempre generoso en el esfuerzo. Incluso en el error, en ese que permite a Kroos robar y a Benzemá poner el cero a dos.

Eso sucede a la media hora de partido. Antes, en el 20′, el propio francés aprovecha un pase filtrado del mismo alemán, rodeados ambos de piernas aún indolentes, que no muerden, que no percuten, que no creen, que permiten al Madrid cobrar ventaja.

Y así, sin esfuerzo aparente, los del Chacho ya lo tienen cuesta arriba. Muy cuesta arriba. Pero, quién lo iba, en un balón parado Mina caza, sólo en el punto de penalti, un buen cabezazo, de esos que antaño devolvían la ilusión a la grada, que se volvía loca y creía, de nuevo, en los milagros. Hoy la esperanza se masca a través de la pantalla. Y claro, no es lo mismo.

El segundo tiempo se equilibra. El Madrid buscando contras en las piernas de Vinicius, tan rápidas y desbocadas en la carrera, como imprecisas en el último pase, ese instante sublime que diferencia la técnica del talento. El Celta combina y comienza a gustarse. La tiene Iago con un disparo en la frontal que saca Courtois. Y la tiene Vinicius en dos contras mal resueltas.

Y de repente, el árbitro abre una puerta a la esperanza. Una ‘no falta’ de Modric se convierte en un libre directo en la cabeza del trencilla, en uno de esos lugares deseados por Iago y por su zurda, a apenas cinco metros de la frontal, un poco escorada la pelota hacia la izquierda. Aspas la acaricia y parece gol, pero el esférico, caprichoso busca el palo. La repetición ofrece el momento clave del partido: Casemiro, en el salto, logra desviarla con la frente. Cuestión de centímetros. Así es la vida.

Al final, ya en los postres, otra contra por el flanco izquierdo del ataque del Madrid. Con una leve diferencia, esta la conduce Benzemá y no Vinicius. El francés pone el centro milimétrico en el instante preciso y el balón golpea en la bota de Asensio que, casi sin querer, cierra el partido. Esta vez el talento camina de la mano de la técnica. Punto y final. Demasiado tarde… demasiado lejos ya.