¿El ocaso del sistema occidental?

Confieso que me he perdido una tarde estupenda de navegación por el Miño, pero la lectura de Pedro Baños no te deja indiferente y requiere de mayores atenciones.

Para quienes no estén familiarizados con el personaje, decir que se trata de un coronel del Ejercito de Tierra, hoy en la reserva, especialista en geoestratégia, defensa, seguridad, terrorismo yihadista, e inteligencia militar, y que el libro que me ocupa, escrito en 2017, es “Así se domina el mundo. Desmantelando las claves del poder mundial”. De momento, con ganas ya de tragarme su más reciente publicación, “El dominio mental. La geopolítica de la mente”.

Vayamos al grano.

Se trata de un análisis, desde una perspectiva geoestratégica, de la lucha permanente entre las principales potencias por el control comercial, industrial y de poder, sus técnicas, opciones y puesta en práctica, hoy ya no solo entre potencias políticas, sino también económicas, comerciales, industriales y sus repercusiones en la sociedad. Es un enfoque actual, pero sin olvidar ejemplos pasados y resultados de técnicas ancestrales al encuentro del dominio de situaciones y circunstancias, presentes en cada victoria pasada y actual, a la hora de la consecución del poder.

No me ceñiré a sus conclusiones, aunque recomiendo su lectura, sino que pienso hacer mi composición de lugar a partir de sus datos y conocimiento. 

Hoy el poder económico ya es casi parejo entre EEUU y China, pero con la particularidad de que este último sigue una progresión mayor y se emplaza además en la parte del mundo donde existe mayor movimiento económico.

En ese aspecto, históricamente siempre se ha dicho que quien domina el mar, domina el mundo. Hoy existen siete estrechos o canales en el mundo, que son llave en el tráfico marítimo en la circunvalación de mercancías estratégicas: El canal de Panamá que une el Pacifico con el Atlántico (hoy en un proceso casi finalizado de ampliación), el estrecho de Gibraltar entre el Atlántico y el Mediterráneo, el estrecho de los Dardanelos entre este último y el Mar Negro, el canal de Suez y el estrecho de Bab el-Mandeb, que comunican el Mediterráneo con el Indico, el estrecho de Ormuz que comunica el anterior con el Mar Rojo, y finalmente el de mayor tráfico actual, el estrecho de Malaca, del Indico al mar de la China, entre Malasia y Sumatra, pasando por el estrecho de Singapur, la Ciudad-Estado más próspera del mundo.

La mayor parte del comercio marítimo pasa por Malaca y Ormuz y le siguen Suez y Panamá, dos estrechos naturales y dos canales artificiales, que concentran el 70% del petróleo mundial. Como hemos comprobado recientemente, cualquier conflicto, como el reciente accidente en Suez, puede parar la economía mundial si durante un tiempo prolongado escasea el suministro de energía, y parar gran parte de la industria mundial, algo que también hemos sufrido y estamos sufriendo actualmente, aunque a pequeña escala, con la pandemia, situaciones que pueden ocasionar todo tipo de crisis, tanto políticas, como económicas, o sociales de todo tipo, que nos lleven, sino a una guerra en gran escala, a múltiples conflictos, desequilibrios y enfrentamientos comerciales de primer orden, de ahí que un mundo globalizado pende muchas veces de múltiples circunstancias, que los principales Estados tratan de paliar, asegurando su pervivencia, lo que les lleva a impulsar multitud de guerras comerciales, con repercusiones en todos los campos en los que son competitivos, o en los que son deficitarios.

EEUU y China están en ello desde hace ya largos años, situándose en el mundo, principalmente controlando la producción de todo tipo de materias esenciales para el éxito de su competitividad, y lo hacen desde dos sistemas radicalmente opuestos, al menos en teoría. EEUU lo hace desde una democracia formal, aunque en ejercicio dictatorial desde las decisiones fundamentales a esos efectos, y China desde un sistema híbrido de una dictadura electiva formal (en lo político) y un capitalismo (en lo económico), pero también en ejercicio dictatorial en lo fundamental, pues a gran escala y cuando se combate en la cumbre, donde hay que pisar cabezas y ganar a toda costa, solo es posible su consecución actuando dictatorialmente. En el ejercicio activo y ejecutivo de la política no existen democracias.

En esa guerra va ganando China, y de momento tiene todas las de ganar a medio-largo plazo. Se han dado cuenta de que la solución radica precisamente en su sistema, en un capitalismo feroz, como el americano, pero a través de un control político absolutamente dictatorial, y hacerlo al contrario de la mayor parte de las dictaduras de siempre, donde el dictador, o una oligarquía, sean comunistas o no, se enriquecían a costa de sus pueblos, sustituyendo ahora el beneficio de unos pocos, por el de una sociedad que poco a poco va entrando en una renta per capita impensable décadas atrás, con crecimientos anuales cercanos a dos dígitos, con transformaciones de la sociedad deslumbrantes en las principales ciudades, y ahora ya cada vez en mayor medida en el interior y en las zonas más deprimidas. Ciudadanos ricos pero controlados, algo, esto último, que siempre ha sido muy propio del pueblo chino, donde a la inmensa mayoría no le preocupa demasiado. 

En su critica al sistema occidental, argumentan, no sin gran parte de razón, que sus gobernantes dedican el 100% de su tiempo al progreso del país, mientras con los sistemas democráticos, la mayor parte de sus gobernantes dedican gran parte de su tiempo, dinero y trabajo, a la lucha interna de partido y a la externa con otros partidos, vigilándose unos a otros, e intolerantes con las buenas ideas si provienen del adversario, aunque beneficien al país y a sus ciudadanos, pues al final, al político, amenazado en su puesto constantemente, le interesa mucho más su propio provecho y conseguir un buen retiro que el progreso del pais, cubriéndose para ello de gran número de asesores, cargos absolutamente improductivos, e instituciones de garantías que demoran hasta extremos alarmantes todo tipo de gestiones, con lo que les quedan muy pocos recursos temporales para el desarrollo de sus gestiones de competitividad, algo que no podemos negar, pues es el cáncer que venimos sufriendo en occidente, sobre todo en países como el nuestro, incapaces de ponerse de acuerdo en bien de la colectividad y colaborar entre partidos.

Hace unos años, en una visita a China, fui informado, sin demasiados rodeos, del sistema electoral chino y de sus órganos representativos, de manera que parte de un único partido, el partido comunista chino, regido por la Asamblea Popular Nacional China, quien se reúne una vez al año, con alrededor de 3.000 diputados (menores de 70 años) que a lo largo de 5 años representan a todos los órganos menores e intermedios de representación de municipios, regiones, distritos, etc. donde son elegidos de entre una lista confeccionada por el propio partido, en consideración a la valía de sus miembros, entre la que se encontraba el haber dado resultados de crecimiento económico significativos en sus distintos cargos (entonces superiores al 8%). De la Asamblea se escoge el llamado Comité Permanente, quien en número de 175 toma decisiones entre asambleas, y ello a partir de las propuestas de un selecto grupo de 7 personas, quienes constituyen el verdadero órgano de poder (gobierno), en el que están el Secretario General-Presidente (actualmente Xi Jinping), hoy el principal defensor de la globalización mundial, pero también de un férreo control interno, el primer ministro, el Responsable de la Comisión Anticorrupción (cargo importantísimo) y cuatro más de la cúpula del partido.

Se trata evidentemente de una dictadura de partido único, pero donde la corrupción en el gobierno se puede pagar con la muerte, y existen ya muchos ejemplos. Por otra parte, la renta per capita actual está alrededor de los 11.000 dólares, con una media de crecimiento desde 2010 del 11%, con un pico de cerca del 24% en 2011, y un mínimo del 0,5% en 2016, momento en el que se iniciaron enormes inversiones de cara a la transformación interior del país, siendo actualmente la deuda pública de alrededor del 60% (la mitad en porcentaje de la española) la tasa de desempleo de alrededor del 4%, mientras el 82% de la población no paga impuesto sobre la renta, de manera que solo superan tasas de más del 5% de impuesto, el 1,3% de la población. 

En los últimos 40 años la economía china se ha multiplicado por 65, con crecimientos cercanos al 10% anual, lo cual no implica que no sea todavía un país con un elevado grado de necesidades y en vías de desarrollo en muchos aspectos, con zonas rurales y suburbios de grandes ciudades sumidas en la pobreza, su principal desafío actual. No obstante, en términos de paridad económica supera ya a la, hasta ahora, región más rica del mundo. Dispone del sector bancario más acaudalado y la entidad  con mayores activos, el Banco Industrial y Comercial Chino.

Curiosamente, en Shangai existe un museo del urbanismo con una inmensa maqueta de la ciudad, observable desde lo alto, que a diario se modifica, debido al constante crecimiento, de tal manera que el nuevo centro de poder de la ciudad, la zona de Pudong, al otro lado del rio, un arrozal, en menos de 10 años, el tiempo que Vigo llevaba tramitando su Plan General de Ordenación Municipal, que luego se cargó su actual regidor, y que seguimos igual, planificaron, expropiaron, urbanizaron y levantaron de la nada, una nueva ciudad que hoy es un ejemplo de arquitectura y el centro económico y neurálgico de Shangai, la capital económica de la nación. 

«Una nueva ciudad que hoy es un ejemplo de arquitectura y el centro económico y neurálgico de Shangai, la capital económica de la nación».

Algunos datos a considerar nos ilustran sobre su actual poderío, pues produce y exporta ya más que nadie en el mundo, siendo hoy un gigante en tecnología, mientras 120 de sus empresas se encuentran entre las 500 más prosperas del mundo. Entre ellas Alibaba, el comercio “on line” que supera ya a Amazon. 

Diego Laje, colaborador de la BBC para China, informa que “las empresas privadas chinas tienen una doble ventaja competitiva: toman créditos de los bancos públicos y reciben subsidios energéticos de las empresas estatales que controlan toda la producción de la energía del país, aunque la intervención no se note demasiado y parezca todo ello dentro de un mundo de libertad”.

El comunismo histórico chino tiene tres protagonistas esenciales en su devenir, Mao Tse Tung por un lado, el mayor asesino en serie de la historia y creador de las bases de una dictadura comunista implacable, similar a la del segundo mayor asesino en serie, también comunista, el soviético Stalin. A la muerte de Mao, surge a partir de 1978 el gran reformador, Deng Xiaoping, quien dio un giro copernicano al asunto, con su programa de “reforma y apertura”, liberalizando la economía y descentralizando el poder en beneficio de las autoridades locales, lo que se dio en llamar el “socialismo con características chinas” o el “capitalismo estatal”, y finalmente el líder actual Xi Jinping, seguidor de las tesis de Deng, pero mas próximo a un comunismo ortodoxo en lo político, pues aunque sufrió las iras de Mao en su familia, teniendo que retirarse a vivir en una cueva y procesar residuos, sigue siendo un comunista convencido, y férreo en sus ideas antiliberales, perseguidor de activistas religiosos, blogueros, reporteros, feministas, homosexuales e incluso abogados, propiciando lo ya llamado un “Estado policial perfecto”, siendo el país más seguro, pero a la vez privado de libertad en demasiados aspectos.

Así las cosas, el gobierno ejerce un férreo control sobre los bancos, las tierras y las grandes empresas, sin libertad de prensa, con fuertes controles sobre Internet, sobre la enseñanza (gratuita hasta los 9 años), las comunidades religiosas y la defensa de los derechos humanos, siempre sometidos a los intereses del partido y de una sociedad entregada ya al consumismo y a la escalada económica. 

En este sentido apuntado, manifiesta Pedro Baños que “Según algunos estrategas chinos, el relativo parón que ha sufrido su economía en los últimos años ha sido plenamente intencionado, con la finalidad de intentar homogeneizar la distribución de la riqueza entre una población que estaba comenzando a polarizarse con el surgimiento de decenas de millones de millonarios (tiene una población de algo más de 1.400 millones de personas). En definitiva, se trataría de ir consolidando una clase media que dé estabilidad al Estado, evitando percepciones de injusticia que pudieran provocar un estallido social”. Un sucedáneo ya de comunismo que busque la igualdad en la riqueza, o al menos en un mínimo de bienestar, en lugar de la socialización de la pobreza o de la miseria, como realidad de cualquier comunismo al uso (actualmente sobre todo en Africa y Sudamerica). 

Parece que la opción que China propone, con meta en 2050 y objetivo la plena riqueza y el dominio económico universal, es la de preferir un sistema de partido único, pero con una economía capitalista en constante crecimiento (extraño comunismo), que en pocos años se ponga a la altura de los principales países del primer mundo, con eliminación de la polarización económica para un reparto más equitativo de la riqueza, donde el ciudadano tenga cubiertas todas sus necesidades y disponga de una renta suficiente para alcanzar el estado de bienestar, y con una tasa de desempleo puramente testimonial, en definitiva, el ideal del comunismo que hasta ahora no ha conseguido nación alguna, por los férreos controles económicos, el deterioro moral y la corrupción implantada allá donde el comunismo ha tenido presencia activa, tanto años atrás como actualmente, donde los abusos de poder, la imposibilidad de crear empresa y la corrupción galopante, impiden cualquier tipo de progreso, situación que ellos consideran similar, aunque por distintas causas, a la que se da con la democracia de partidos en el resto del mundo, atenazados por una castrante y lentísima burocracia, la constante inoperatividad de los partidos políticos, la tolerancia con colectivos ajenos al progreso real de la sociedad, una corrupción asentada y la existencia de permanentes luchas intestinas.

Es un sistema que en el llamado “mundo libre” no convence, al menos a los que viven y pretenden vivir del poder, medios de comunicación incluidos por razones obvias, pero que de momento, y al menos en cuanto a crecimiento de la renta per cápita, bajos impuestos y paulatina eliminación del desempleo, está funcionando de forma muy potente y efectiva para sus ciudadanos, quienes nunca aspiraron a una economía de mercado socializada.

EEUU por un lado y con la democracia por sistema, y China por otro y con una dictadura teóricamente comunista como norte, aunque ambas con un capitalismo ya fuertemente implantado, luchan por la superioridad, por la cumbre del poder, por la hegemonía mundial y, de momento y en lineas generales, EEUU aun va por delante y por los pelos, pero China no solo no se queda atrás, sino que ha acelerado y acelera a un ritmo que muy pronto, de no tropezar en algún obstáculo, le sobrepasará y muy posiblemente llegue a dejarla muy atrás en los próximos años, pues sus previsiones son triplicar en 2050 la economía yanki.

Quien me conoce y me ha leído sabe que creo que la democracia es un sistema de gobierno desastroso, obsoleto, y que en general ya no aporta progreso alguno, pero también lo creo, en mayor medida, del comunismo, sobre todo por la ausencia de libertad en todos los campos, y como tampoco creo en la crítica vacía sin aportar soluciones (pues las he aportado ya en otros momentos que no voy a repetir ahora), me remito a mi artículo sobre el particular (Mis reflexiones 99, “Democracias y democracias”, de 12 de febrero de 2021). 

Creo que el mundo cada vez se adentra con mayor profundidad en una encrucijada en la que tendrá que moverse en otras direcciones, si no quiere estancarse y con ello retroceder en el bienestar que todo ciudadano espera de este mundo global, en el que cada vez caben menos medias tintas, mediocridad y mamandurria de tanto espabilado, en perjuicio de la mayor parte de la ciudadanía que, al final acaba viviendo otro tipo de dictadura pero incluso mucho menos productiva y copada por lo más infame de la sociedad, de lo que nuestro gobierno actual es una buena muestra.  En pocos años, los chinos habrán ganado la guerra económica y comercial, mientras el mundo occidental seguirá apostando por viejas recetas paralizantes, que ya nada aportan a la competitividad de un mundo global, ni crean puestos de trabajo, obtienen indices de natalidad preocupantes, cada vez con más impuestos, mayor deuda pública y un horizonte para la gente joven nada esperanzador.

Mi receta, aunque ya se que puramente utópica, expuesta por última vez hace algo más de un trimestre, se trata de una propuesta que, como tantas y tantas otras, nunca verá la luz pública, pues a nadie le interesa, y menos tendría éxito dependiendo de quienes ostentan el poder desde la más absoluta irresponsabilidad ante los ciudadanos, sin consecuencias, ni civiles (dinero) ni penales (rejas), ni de ningún tipo, pues aun a pesar de enviar al país a la ruina, su premio, con nuestro sistema, acaba siendo un retiro dorado, del que ninguno quiere prescindir (el lobo al cuidado de las ovejas). En China, el destino de gran parte de nuestros políticos, algo contrastado, supone responsabilidad civil con la expropiación de todos sus bienes, y penal, la mayor parte de las veces con la muerte. La cara y la cruz de las responsabilidades.  Y… hemos hablado de China, pero los países árabes, por indice de natalidad, por fanatismo, y su protagonismo cada vez en mayor medida en los principales países occidentales, se convertirá muy posiblemente en el segundo en discordia, mientras nosotros seremos ya el último de la fila. La cuestión es saber cuánto tiempo ha de pasar para verse, un cálculo que los analistas políticos ven ya muy cercano.

Gadafi decía que el Islam derrotaría a occidente con dos armas, el vientre de sus mujeres, avasallándonos con su aplastante índice de natalidad, ante el ridículo nuestro, y el sistema democrático que practicamos, que les permitiría derrotarnos con nuestras propias armas, al ser ellos cada vez más.

Partiendo de la fecha de objetivos del particular régimen chino (2050), entre el expansionismo chino y el musulmán, ¿qué mundo se encontrarán los que lleguen a esa fecha?. ¿Llegaré a los 102 años para verlo?

La respuesta, mi amigo, está flotando en el viento.