El ‘Chacho’ pone el champán

Coudet alecciona a Renato y Hugo Mallo durante el partido. Foto: LaLiga

El Celta despide el año con una sufrida victoria por 2-1 ante el Huesca que le permite asentarse en la zona alta y firmar el mejor mes de diciembre de su historia

El fútbol es tan maravilloso que, si no existiese, habría que inventarlo. Sólo desde esa óptica se puede entender la mutación de este Celta, que con el ‘Chacho’ ha cambiado la tristeza por la alegría, el miedo por la audacia, la indecencia por la locura, los bostezos de amor casi agotado por el éxtasis, y, sobre todo, la derrota por la victoria. Hasta el punto de haberse citado, sin saberlo, con la historia, tras sumar cinco victorias y un empate en los últimos seis partidos. Ya, desde hoy, el mejor diciembre de siempre, dejando atrás aquel lejano mes de un tal 1968.

Coudet ha puesto el champán y, tras años de angustia contenida, de esa que duele en el estómago, la hinchada celeste despide el año brindando. Lo hace, eso sí, con la agonía propia del que no quiere olvidar el sufrimiento, ese lugar común al que el celtismo acude de modo recurrente: como el cigarro después de comer, el café del desayuno o la siesta de otoño en el sofá. Hoy, contra el Huesca, no iba a ser menos. Y así, después de poner un 2-0 en el marcador, un tanto de Seoane acercaba a los de Michel, y sólo una parada milagrosa de Rubén permitió evitar las tablas.

Porque ese balón botado por Sergio Gómez en el minuto 89 era gol en la cabeza de cualquier celtista de bien, tan acostumbrado, insisto, al sufrimiento. Pero Rubén obró el milagro, confirmado a los pocos segundos por la imagen congelada del guardameta celeste sacando la pelota justo en la línea. De ahí hasta el final, 6 minutos de añadido. 360 segundos que se demoraron como una eternidad.

Antes, durante gran parte del duelo, había cabalgado el Celta cómodo, a lomos de un gigante de Moaña, que le regaló el primero a Nolito a la media hora, y firmó el segundo poco después de la hora completa de partido. Iago Aspas en su versión de cada día, tan terrenal que no parece de este mundo. Fluye con la pelota cosida al pie, ligero, la mirada pícara del que busca un compañero al que agraciar. Así encontró a Nolito antes incluso del primer tanto, pero el extremo no llegó a concretar con la puntera. Y así sentenció en un mano a mano que definió con la grandeza propia que quien es capaz de hacer fácil lo difícil.

Decía Kiko Narváez que hay dos tipos de delanteros: los que cuando se quedan solos delante del portero, sólo ven portero; y los que cuando se quedan solos delante del portero, sólo ven portería. «En el primero estoy yo y todos los demás; en el segundo está Ronaldo (el original)», resumía con esa graciosa sencillez tan andaluza. Iago, años después, llama a la puerta de este grupo.

Al final, una sufrida victoria, la quinta en los últimos seis partidos, a las que hay que sumar el punto de Getafe. El Celta viaja octavo por LaLiga, a un punto de Europa y a tres de Champions. Quién lo iba a decir hace no tanto. Aquí se dejó escrito, «si esto es el ‘Chachismo’, hay esperanza«. Nos quedamos cortos. El ‘Chachismo’ es mucho más que la esperanza. Es la barbarie.