Si esto es el ‘Chachismo’, hay esperanza

En-Nesyri conduce el balón entre Hugo Mallo y Araujo. Foto: RC Celta

El Celta cae 4-2 en Sevilla con dos goles postreros de los andaluces después de un partido jugado de tú a tú en el que los de Coudet merecieron más

Enterrado bajo una montaña de prisas, de mezquindad y resultadismo, el fútbol se precipita hacia adelante atendiendo sólo al marcador. Ese que dice que el Celta del ‘Chacho’ Coudet empieza mal, que pierde 4-2 en Sevilla y que cae a puestos de descenso. Ese espacio funesto y temeroso al que los de Vigo llevan años acostumbrándose peligrosamente.

Sin embargo, si el análisis puede ir más allá del resultado, si el hincha, el periodista y la ciudad lo permite, podría decirse que fue un buen Celta; demasiado bueno para lo que nos tiene acostumbrado. Tal vez por eso haya que confiar en el futuro. Porque si esto es el ‘Chachismo’, hay esperanza.

Borren, eso sí, los 6 primeros minutos, donde el Sevilla tuvo cuatro ocasiones claras más el primer gol del partido, cazado por Koundé tras un remate a bocajarro de Diego Carlos salvado por Rubén. Esos 360 segundos fueron eternos, un suspiro que no cesaba nunca, hasta el punto de amenazar con convertirse en un último aliento moribundo.

Pero de ahí surgió un Celta cargado de nostalgia y de añoranza. Las líneas juntas, el toque grácil, la pierna fuerte, la presión alta, el intercambio de posiciones, el esfuerzo, la fe, el sudor. Algo que recordaba a otra época, a otro mundo. De repente, todo cobraba sentido. Denis volvía ser ese centrocampista que se ofrece y que mueve la pelota; Brais era de nuevo aquel volante que alcanzó la selección; a Hugo no le pesaba el brazalete; Mina parecía romper en lo que algún día prometió llegar a ser y nunca fue; y Iago, quién si no, seguía siendo Iago.

En una de esas, Vaclik midió mal un centro de Mallo, despejó como pudo con los guantes, y el balón, tras ser escupido por el palo acabó en las botas de Aspas, que ponía las tablas en el marcador. Pero quería más el Celta, que parecía recordar, por fin, que esto es un juego, que hay que disfrutar y que atreverse. Y en esas andaban los del ‘Chacho’ cuando Iago, otra vez y siempre, ganó una carrera a la espalda de Fernando. El meta sevillista se la quitó de encima como pudo, y Nolito mandó el 1-2 al fondo de la red.

Era el minuto 36 y de ahí al final del primer tiempo apenas pasó nada. Pero en ese ‘apenas’ se coló un mal despeje de Araujo, un buen centro de Navas, y un remate de cabeza de En-Nesyri comiéndose al propio defensa mexicano: 2-2 y al túnel de vestuarios.

Durante el segundo tiempo el Celta, ahogado tal vez por el esfuerzo, no elevó tanto la presión, pero siguió saliendo con muchísimo peligro, tocando al primer toque y buscando, verticales, la meta de Vaclik, que tuvo tiempo de sobra para encontrar la redención. Primero sacó un remate a Iago con la derecha; y al poco, con la punta del pie desvió otro de Mina, solo, en el área pequeña, tras una gran jugada colectiva de los de Vigo.

Quería y no podía el Sevilla, hasta que el destino, el azar o lo que quieren apareció en el minuto 85 para desviar un chut lejano de Escudero. En el fondo, fue la bota derecha de Renato la que cambió la trayectoria del balón, convirtiendo a Rubén en mero espectador. A los dos minutos, con los celestes volcados, una contra de Munir, también desviada por Murillo en el último golpeo, puso el definitivo 4-2. Mucho castigo para tanto arrojo. Aunque suficiente para tratarse de una primera cita. Algunos, como dejó escrito Galeano, nos conformamos con ser un «mendigo del buen fútbol, que recorre los estadios y pide una linda jugadita». Hoy las hubo, punto de partida para obtener el resultado. Tal vez con el ‘Chacho’ haya esperanza.