Celta y Eibar firman un empate a cero en el que los locales merecieron más

La falta de eficacia condena a los de Óscar García a su cuarto empate consecutivo en Abanca Balaídos

La hora no invitaba. A las dos de la tarde de un domingo o se come o se está de aperitivo, pero pocas veces se debe jugar al fútbol. Cosas del márketing, de la tele y los contratos; de los millones que mueven el negocio. Y, pese a todo, el Celta cuajó uno de los partidos más dignos de la temporada. Tal vez no el más brillante, pero sí el más serio, concediendo poco o nada, llegando entre bastante y mucho, con 18 remates sobre la portería del Eibar -5 entre los tres palos, uno a la cruceta-, el doble de corners (6) que los armeros, o un 66% de posesión -aunque este dato suele resultar estéril-.

Y sin embargo, al filo de las cuatro de la tarde, empate a cero, dos bostezos. Más de quince almas abandonando Abanca Balaídos deprimidos, sin uñas, sin pipas y sin respuestas. ¿Qué hemos hecho mal hoy? Poco, muy poco. Alguna frivolidad de Murillo -partido muy serio, conste- o una indecisión de Rubén, supusieron gran parte del peligro que llevó el Eibar. Por desgracia, los de Mendilibar no necesitaron más para atrapar un punto.

Un ‘déjà vu’ en el municipal. El cuarto empate consecutivo en casa de los de Óscar García tras Osasuna, Mallorca y Valladolid. Rivales de la parte media-baja de la tabla que podrían haber servido para enterrar el miedo y huir de los fantasmas, hoy más vivos que nunca. El calendario se complica -Valencia, Sevilla y Real Madrid de una tacada- y el equipo sigue en puestos de descenso. A un punto de la salvación si la Real acompaña en Anoeta.

¿Con qué quedarse? Antes de nada, con el punto, aunque escaso. Después, con la solidez defensiva y la creciente capacidad competitiva del equipo. Tras el lapsus de la Copa, Murillo ha aportado temple a una zaga en la que Araujo parece, a su lado, más tranquilo; Okay empieza a mandar en el medio; Rafinha se entona poco a poco; Pione desborda; Iago se multiplica, aunque no acaba de descorchar cada domingo, igual que Mina.

En definitiva, el equipo parece haber encontrado una senda que lleva, al menos, a la capacidad de competir. Ahora vienen curvas y lo hacen con los celestes vestidos de melancolía y depresión. Momentos en los que los grandes jugadores sacan lo mejor de sí mismos. «La posición que asumimos al competir es idéntica en todos los partidos: considerar y respetar al rival y tratar de superarlo». Lo dijo una vez un ‘loco’ llamado Bielsa. Toca ponerlo en práctica. Próxima parada, Mestalla. Sábado a las nueve de la noche.

2 COMENTARIOS

  1. Magnifico artículo deportivo, muy bien en la redacción, mejor el concepto y todavía mejor el análisis

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