Benvidos

Foto: RCCelta

«Grazas, Vigo. Gracias por vuestra hospitalidad para con nuestra exultante hinchada, achispada de éxitos deportivos en una misma tarde»

Hace un año escribí un artículo para VigoHoy que no se publicó. El drama no era el hecho –práctica común entre escritores que mínimamente se precien– sino el motivo de no terminarlo: era una jubilosa continuación del artículo del cinco de junio de 2021. Obcecado por el  éxtasi, que queremos que no se acabe nunca, soñé con el ascenso del Girona. Pero la realidad sin miramientos sigue su curso, por lo que el destino nos reservó otro desenlace espantoso a la vez que mis palabras se ahogaban en la orilla.

Aunque no lo acabé, como precavido escritor, lo guardé en la nevera. Estas semanas, embriagado con el éxito del deporte en Girona por los ascensos a la ACB y a Primera División, releí lo que había ingeniado. Quería escuchar cómo sonaba un año más tarde. Releer lo escrito es un ejercicio sano de humildad. A menudo, nuestras palabras tintinean ñoñas tan solo veinticuatro horas después de parecernos mágicas e imprescindibles. Sin caer en las trampas del orgullo, del artículo que no pude publicar me gustó el final. A ver si hoy, antes de terminar de escribir este texto, sigo en el mismo parecer.

Vayamos al artículo que se publicó: Balaídos, próxima estación. (Bien pensado, a día de hoy quizá cambiaría el título). En él recordaba mi presencia en la victoria del Girona en su vuelta a Segunda División, precisamente ­­–caprichos del destino– en un fantasmal Balaídos. Por aquellas fechas de la edición del artículo,  disputábamos la gran final contra el Rayo Vallecano en Montilivi, con todo a nuestro favor. Sin embargo, la vida, ajena a nuestra expectación, nos reservó un desenlace espantoso mientras me obligaba a aparcar mis palabras.

Sin embargo, en Girona nunca abrazamos la desolación, y el benévolo destino esta temporada nos regaló  la tercera final seguida de playoff. Una oportunidad para volver a soñar o, por desgracia, seguir enzarzándonos una vez más en las trampas psicológicas de la derrota. La noche se jactaba con nosotros: aupados por un entrenador que ve oportunidades donde otros vemos miedos, ganamos 1 a 3 en Tenerife y tocamos el cielo de la élite futbolística. Era el 19 de junio de 2022, el día contemporáneo de la inmortal Girona. La fiesta en las calles fue colosal.

Entre tanta alegría, se produjeron señales que alimentaron este artículo que estoy escribieno. Por una parte, el Bàsquet Girona de Marc Gasol eliminó por la vía rápida al Leyma Coruña en cuartos de final antes de ganar la Final Four en Fontajau, antiguo templo ACB. Como me enseñó un gran amigo vigués, siempre es un placer eliminar los gallegos del norte. El Celta se sumó a la fiesta y echó el resto con su detalle de felicitarnos con el pasaporte a PRIMERIA, acordándose especialmente de David Juncà, un gironí con pasado vigués. Ese Benvidos que nos dedicó el Celta fue la chispa que me animó a actualizar aquel artículo que no se publicó de tristeza. Como en Girona somos #unsTossutsDePrimera, me puse manos a la obra.

Solo me queda ir terminando estos párrafos siguiendo la respuesta de Juncà al tweet del Celta: Grazas, Vigo. Gracias por vuestra hospitalidad para con nuestra exultante hinchada, achispada de éxitos deportivos en una misma tarde. Ahora, nos queda guerrear contra vosotros en Balaídos y en Montilivi el 26 de agosto.

Vuelvo con atención al artículo que no terminé. Son párrafos rimbombantes y hoy impublicables. Me fijo en el final que me gustó, a ver si puedo salvar algo: «Tenemos ganas de derrotar en Montilivi al Madrid o de rascar puntos en el Camp Nou. Y si no os importa, ganar en Balaídos. Es el único partido que quiero que perdáis».

Tampoco suena tan cursi, ¿verdad?