Día 48 del año 1 después de Covid
El aburrimiento
Fuera continúan lloviendo cántaros de tristeza. El celaje oscila entre el gris y el blanco, casi níveo. Un horizonte abrumadoramente depresivo que se traga la primavera a horcajadas. Pese a todo, hay que seguir. Mañana el sol volverá a triunfar sobre las nubes. Y no es una metáfora hortera, que también. Es la realidad que dicta el clima: buen tiempo para el fin de semana. Temperaturas veraniegas el domingo, cuando, dicen, rozaremos los treinta grados.
Mientras tanto, y a la espera de ese tiempo mejor aún por venir, mis hijos lamentan que se aburren. Algo maravilloso. Soy de los que reclama el derecho universal a aburrirse de vez en cuando. Sin teléfono entre las manos y todo. Porque hemos construido un mundo en el que si no estás haciendo algo eres rarito. Y a veces, sólo a veces, conviene no hacer nada. Que en el fondo también es hacer algo. Desconectar; evadirse; localizar un limbo diminuto en el que refugiarse. Y perdonen la confusión de tan liosa aclaración, más propia de las fases de la desescalada que de alguien que aspira a hacer algo comprensible.
Pero lo cierto es que no me preocupa que mis hijos se aburran. Al contrario, me entusiasma, porque en esta vida también hay que saber aburrirse. Y mucho más en cuarentena. “No pasa nada, hijo. Abúrrete. En un rato se te habrá pasado y tendrás muchas más ganas de hacer cosas”. A fin de cuentas, ya Goethe lo explicó de un modo correctísimo: “El aburrimiento es una mala hierba, pero también una especia que hace digerir muchas cosas”. Para vivir hay que aburrirse, digerir.
La alternativa para que no se aburran es ponerle la tablet en las manos; o conectar la tele y elegir entre un catálogo infinito; o jugar con ellos a lo que se medie. Cosas, todas ellas, razonables y adecuadas. Tanto como aburrirse. Por eso hoy la elección ha sido aburrirse. Luego, una vez digerida esa dosis de hartura, de empacho de no saber qué hacer, hemos seguido conviviendo y disfrutando. Y hasta hemos explorado el mundo exterior, ahogando el aburrimiento bajo la lluvia.

