Acepta nueve años de cárcel por abusos sexuales a siete empleadas

Juzgados de Vigo.

La Fiscalía pedía 37 años de cárcel por unos hechos en los que, aprovechando las necesidades económicas y cargas familiares, la mujer y su pareja, ya fallecido, doblegaban la voluntad de las víctimas para perpetrar contra ellas actos de naturaleza sexual

La mujer acusada de abuso sexual, agresión sexual, coacciones, trata de seres humanos y explotación laboral a siete mujeres latinoamericanas ha aceptado nueve años de cárcel para evitar el juicio en el que la Fiscalía solicitaba 37 años de prisión por estos hechos.

La vista debía haberse celebrado hoy en la Sección Quinta de la Audiencia provincial de Pontevedra, con sede en Vigo. Los términos del acuerdo de conformidad entre las partes, según ha informado el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG), implican la aceptación de esos nueve años de cárcel: un año por cada uno de los cinco delitos de abuso sexual; cinco meses por el delito de agresión sexual; tres meses por el delito de coacciones; tres años por el delito de trata; y cuatro meses por el delito contra los derechos de los trabajadores.

La mujer también deberá pagar una multa de 180 euros por el delito leve de maltrato y deberá indemnizar en 1.000 euros a cada una de las cinco víctimas de abusos sexuales; y en otros 6.000 euros a cada una de las dos víctimas de agresión sexual.

Los hechos se remontan a los meses de marzo a octubre de 2019 cuando, según la Fiscalía, la acusada y su pareja sentimental consiguieron captar la atención de al menos siete mujeres procedentes de Nicaragua, Guatemala y Colombia a través de anuncios en el portal milanuncios.com. Todas eran mujeres con gran necesidad económica, vulnerables, sin arraigo ni apoyos en España, en situación de estancia o de ilegalidad, a las que la pareja atraía con el pretexto de ofrecerles trabajo doméstico en su casa, según el escrito de la Fiscalía.

Tras ganarse su confianza para que acudieran al domicilio, creaban, «bajo engaño o coacción, un clima de temor y angustia para doblegar la voluntad de las víctimas y perpetrar contra ellas actos de naturaleza sexual, así como imponerles condiciones de trabajo que atentaban contra sus derechos laborales y contra su libertad, impidiendo que escaparan de su esfera de control creando una atmósfera de temor y angustia».

En este sentido, la pareja engañaba a las mujeres para someterse a exploraciones médicas en las que el hombre, que decía ser médico, las auscultaba, realizándoles un chequeo durante del cual las sometía a vejaciones sexuales. A algunas de las víctimas las obligaron a ducharse con la puerta abierta en presencia de la pareja, o a realizar labores domésticas vestidas sólo con un tanga.