Mallo y Aspas culminan la obra de Renato

Renato Tapia intercepta un balón en presencia de Muniain. Foto: RC Celta.

El Celta se impone al Athletic en San Mamés 14 años después, con un partido monumental del medio centro y goles del capitán y de su estrella

El fútbol es un juego tan insospechado que resulta, sencillamente, maravilloso. Sólo así se entiende que un equipo sin alma y desahuciado, que caminaba por la liga triste y harapiento, duerma hoy a pierna suelta, en mitad de la tabla, apenas un mes después de la llegada al banquillo de Eduardo ‘Chacho’ Coudet.

Sólo así se entiende que ese conjunto sin sangre y desahuciado venza en San Mamés catorce años después, cuando menos se le espera, y por cuarta vez en su historia.

Y sólo así se entiende que un futbolista de Perú llegado desde Róterdam, que aterrizó sin pena ni gloria en la ciudad, se haya convertido en el eje de un equipo que, ahora sí, comienza a saber a lo que juega.

Pero qué futbolista es Renato Tapia. Un medio centro clásico, de esos que tienen la capacidad de jugar solos en la media; que todo lo abarcan porque todo lo comprenden; que siempre están bien situados; que disponen de la inteligencia suficiente para pensar en el compañero y jamás en uno mismo, y la humildad necesaria para conocer sus propios límites. Todo eso, y mucho más, es Tapia, el hombre del partido y de este Celta, con permiso, por supuesto, de Iago Aspas, que en un choque discreto no falló a su cita con el gol.

Antes, había arrancado la noche fría en ‘La Catedral’, gélida y vacía, solitaria, resignada a la pandemia. Una llegada de Mina, una ocasión clara de Muniain -la única de los locales en todo el partido-, y una buena jugada trenzada entre Nolito y Olaza, cuya rosca se abrió hacia fuera y no hacia dentro, resultó todo el bagaje de un primer tiempo digno de un viernes en época de Covid.

Pero algo cambió en el vestuario, al menos en el Celta, ahora sí, más decidido, más crecido, reafirmado en todo aquello que viene haciendo con el ‘Chaco’: presión alta, circulación rápida, movilidad. En una de esas, entre Denis y Brais robaron una pelota que se tradujo en una contra perfecta y vertical que acabó en los pies del propio Denis, paso previo a un centro tensado al segundo palo, donde Santi Mina devolvió la pelota hacia el primero para que Mallo, también de cabeza, empujase el primer gol.

Con media hora todavía por delante, el Celta comenzó a buscar la pausa, hasta el punto de que Coudet dio entrada a Aidoo por Nolito, un cambio, a priori, defensivo, que acabó por desactivar al Athletic. Hasta el punto de que Unai Simón cometió un error infantil en un saque con la mano demasiado precipitado que acabó en los pies de Brais que, incapaz de desaprovechar un regalo así, filtró un pase perfecto hacia Iago. Cero a dos y partido sentenciado.

De ahí hasta el final, más de Tapia. Mucho más. Un recital de corte y jerarquía, de presencia, de instinto, de inteligencia futbolística. Alrededor de él sigue creciendo el equipo, con Brais y Denis cada vez más sueltos, con Nolito cada vez más joven, con Mina cada vez más implicado, y con Iago que sigue siendo Iago. Si esto es el ‘Chachismo’, ya se dijo y se repite, hay esperanza.