
«Pido justicia y pido que salga la verdad», afirma emocionada antes de su declaración ante del Juzgado de Instrucción número 2 de Tui
Han pasado 18 años, ni uno más ni uno menos, desde que Déborah Fernández saliese a correr para nunca más volver a casa. Diez días después, su cuerpo apareció en una cuneta de O Rosal, desnudo, a 40 kilómetros de distancia del último lugar en el que había sido vista.
¿Qué pasó durante ese tiempo? ¿Cómo falleció la joven? Preguntas aún sin resolver de una causa que se cerró en falso en su momento, y que el pasado noviembre decidía reabrir el Juzgado de Instrucción nº 2 de Tui donde hoy, 18 años más tarde también, ha declarado la madre de Déborah, Rosa Neira.
«Para mi es una pequeña victoria después de tantos años poder decir lo que he vivido. Pido justicia y pido que salga la verdad«, ha subrayado Rosa, que ha acudido emocionada al juzgado, «de la mano de Déborah, de mis otros hijos, de mi marido y de un montón de personas anónimas que me están acompañando». «Esto ya no es un palacio de justicia, es la casa de los espíritus buenos, o eso esperamos», ha confiado.
Porque Rosa, como el resto de su familia desde el primer día, lo tiene claro: «No hay un crimen perfecto, sólo una mala investigación, una infumable instrucción, y un espíritu corporativo para ocultar el mal hacer».
Una cadena de fallos que Rosa y los suyos vienen denunciando desde hace años: supuestas «negligencias» en la investigación, «contradicciones» en las declaraciones, pruebas «pasadas por alto»…
Un hilo, más real o más ficticio, pero hilo a fin de cuentas, del que ha decidido tirar la justicia, y que otorga un poco de esperanza a la familia. Así lo afirma Rosa Fernández-Cervera, la hermanda de Déborah, que ha acompañado a su madre hasta el juzgado: «Llegar hasta aquí nos da cierto aliento para seguir buscando la verdad. Para nosotros es un día muy importante«.
