Y por fin… Clara Campoamor

«De pronto me activo, recobrando la noción del aquí y del ahora; y lo hago entre feliz, sorprendido y fascinado. ¡La primera fase de la humanización de la Avenida Clara Campoamor! Como diría mi abuela, que en paz descanse, ‘sen tempo non foi’»

Escucho abstraído por otros pensamientos la voz del alcalde de Vigo, Abel Caballero. Suena de fondo, perdida en ese lugar en el que la imaginación y la conciencia difuminan los sonidos del presente, que llegan hasta uno como a través del eco de una de aquellas sorprendentes caracolas de la infancia. De pronto me activo, recobrando la noción del aquí y del ahora; y lo hago entre feliz, sorprendido y fascinado. ¡La primera fase de la humanización de la Avenida Clara Campoamor! Como diría mi abuela, que en paz descanse, ‘sen tempo non foi’.

Hace 6 años, Vigo inauguraba el Hospital Álvaro Cunqueiro; un complejo moderno y funcional -al menos para los usos sanitarios- que, como cualquier otra infraestructura, va a estar siempre sometida al debate de lo mejorable. Una crítica que puede resultar constructiva o interesada, y que se ha cimentado durante todo este tiempo en el debate público-privado de un complejo en el que, por lo demás y salvo el parking, nadie ha debido abonar nunca una factura para ser atendido.

El aparcamiento, permítanme el inciso, resulta notablemente más barato que otros, municipales y foráneos. Su precio abusivo inicial procedía de una de las cláusulas de la concesión, que fijaba el mismo en la media que tuviesen entonces los aparcamientos municipales… Nada más que añadir salvo que el otro día, llevando a mi padre a su revisión neurológica en el Clínico Universitario de Santiago, constaté, una vez más, que allí es imposible estacionar incluso en el parking que se encuentra pegado al complejo, donde tras media hora de vueltas aboné 1,40 por aparcar veinte minutos.

Pero no distraigamos la atención, pues precisamente el parking ha distraído durante años la ausencia de cualquier tipo de actuación municipal. De ahí mi alegría y mi súbito retorno a la realidad cuando escuchaba al alcalde anunciar, por fin, la primera fase de la humanización de Clara Campoamor.

Allí, donde se ubica el Cunqueiro para bien o para mal -espacio fijado en el PXOM de 2008- son necesarias aceras desde hace años; del mismo modo que resulta imprescindible más luz y mejores accesos. Trabajos que, afirma el Gobierno local, debía hacer la Xunta al tratarse de una infraestructura supramunicipal, y que sin embargo acomete ahora el Concello. Luego se puede y se podía, más allá de estériles debates interesados. Que no decaiga, por favor, aunque se sigan lanzando proclamas populistas. Vigo es lo menos que merece.