¡Viva la fiesta!

«Cada vez estoy más convencido de que esa actitud vital es absolutamente necesaria. Y aquí radica la gracia del asunto: vivir de esta manera no está reñido con nuestro empeño de anhelar y preparar las festividades. Porque cuando celebras lo maravilloso del día a día, las fiestas se viven como nunca»

La vida es vivirla mientas esperamos las celebraciones con fervor. Nos gusta la fiesta, ¡qué le vamos a hacer! Los días previos son ansia, una espera interior que atiza los nervios, mientras las obligaciones siguen su curso aunque resulten más llevaderas porque avistamos acercarse el jolgorio. Esos momentos de preparativos soñamos en cómo viviremos y gozaremos de la fiesta. Todo son ganas. Con cualesquiera que nos encontramos, la conversación gira alrededor de las felices fechas de descanso.

Llegan por fin los días grandes y todos nos volcamos a la calle para celebrar la vida. Disfrutamos lo máximo que podemos de los instantes de diversión tan ansiados. Pero sin darnos apenas cuenta, terminan demasiado de repente. ()

Resacosos de nostalgia, nos despertamos otra mañana más como si nada hubiese ocurrido: la vida sigue girando con la rutina de esas jornadas de despertador, prisas y tensiones. Horas arduas y cansinas que caracterizan los días grises de nuestra existencia. Así son la mayoría de nuestros instantes.  El error es pensar que en esos momentos la vida carece de sentido. Tal vez, si vivimos con garra y curiosidad, esos días grises sin alma pueden convertirse en auténtica luz que ilumina nuestras horas.

Si nos percatamos de que no necesitamos tanto para ser felices, los jornadas anodinas irradiarán una tímida luz que nos dará una perspectiva diferente y más humana de lo que nos rodea. Veremos con claridad, entonces, que nuestra juventud erraba al buscar únicamente la algarabía de la fiesta. Ahora, en cambio, con la sabiduría de mejorarnos como personas a cuestas, nos afanamos en ser protagonistas para transformar esos días sin sentido en material excelente para escribir la historia de nuestra vida.

Cada vez estoy más convencido de que esa actitud vital es absolutamente necesaria. Y aquí radica la gracia del asunto: vivir de esta manera no está reñido con nuestro empeño de anhelar y preparar las festividades. Porque cuando celebras lo maravilloso del día a día, las fiestas se viven como nunca.