Por José María Sendra.

O más o menos; o lo que venga; o lo que nos dejen; o lo que nos obliguen. Los próximos 15 días iremos desvelando un listado con los 15 mejores jugadores de la era moderna del Real Club Celta. El algoritmo, que no existe, ha calculado la lista en función a su impacto en el campo y a la importancia en nuestro ideario. Y como toda lista de este tipo es una mentira en sí misma, pero la cuarentena todo lo permite.

Échenos una mano, disfrute y haga la suya, y si es el caso, díganos lo equivocados que estamos, que tiempo tenemos para pensar en este y en otros dramas mucho peores.


5. El cosaco

Temporadas : 1998/99 a 2001/02

Partidos: 168 de Liga, 29 de UEFA, 4 en Intertoto y 17 en Copa del Rey

Goles: 39


Los cosacos en el ejército ruso eran un grupo de élite militar y además esenciales en las comunicaciones por su velocidad a caballo y en las misiones de reconocimiento, comunicación, guerra e inteligencia. Valery Karpin.

Silbado y odiado en San Mamés y en Riazor hasta limites que rozan el absurdo, nos sirve este dato para calibrar el amor que le procesaba Balaídos y Anoeta. Vital en aquel Celta histórico, llegador, de brutal despliegue físico y con capacidad goleadora de otra época. Capaz de ser el que se echaba el equipo a las espaldas en partidos importantes o en fases donde el otro ruso necesitaba descanso o estaba demasiado vigilado.

En Enero del 99 el líder de la liga visitaba al segundo clasificado, aquello era un Celta – Mallorca en la jornada ya 18, ¡que tiempos! Caía una lluvia tremebunda incluso para Galicia. El Mallorca se adelantó en dos ocasiones, pero aquel día Karpin había decidido ser líder y también campeón de invierno y con dos zapatazos niveló el partido hasta que el Celta acabó durmiendo líder. Soñando y entregado a un cosaco que se había cargado con el peso del equipo y del gafe de la institución, terminó quinto el Celta aquel año, tras ir en segundo puesto hasta la jornada 33 y erróneamente tuvimos una sensación de hastío por jugar la copa de la UEFA. Ahora que estamos confinados sabemos valorar lo hermoso de la rutina.

Karpin no sólo fue un jugador excepcional, fue un líder del vestuario, posiblemente el líder de aquel vestuario plagado de internacionales y futbolistas de un nivel excepcional. Fue capaz también de traer al mejor Mostovoi a Vigo. Bajo su ala protectora, el de San Petersburgo nos mostró todo lo que no había hecho antes. Jugador inmenso, de raza, que ha dejado un recuerdo permanente, tan permanente como la obra del barrio del cura. De carácter complicado, aquí siempre lo recordaremos, siempre lo querremos con la misma intensidad con la que lo odian nuestros enemigos.