Por José María Sendra.

O más o menos; o lo que venga; o lo que nos dejen; o lo que nos obliguen. Los próximos 15 días iremos desvelando un listado con los 15 mejores jugadores de la era moderna del Real Club Celta. El algoritmo, que no existe, ha calculado la lista en función a su impacto en el campo y a la importancia en nuestro ideario. Y como toda lista de este tipo es una mentira en sí misma, pero la cuarentena todo lo permite.

Échenos una mano, disfrute y haga la suya, y si es el caso, díganos lo equivocados que estamos, que tiempo tenemos para pensar en este y en otros dramas mucho peores.


2. El Zar

Temporadas : 1996/97 a 2003/2004

Partidos: 232 en Liga, 8 de Champions League, 23 en Copa de la UEFA, 15 en Copa del Rey y 2 en Intertoto

Goles: 74


Era verano del 96 y como es orden andaba enfrascado en la Eurocopa de la Pérfida Albión, disfrutando cada partido. En aquel momento el fútbol de selecciones tenía el componente salvaje de descubrir talento, y así sucedió. No me creerán, pero en un Rusia – República Checa, el 10 de los rusos me dejó impresionado, y pensé en mi adolescente fervor: “¿joder en el Celta por qué no puede jugar un tío así?”

A la llegada de Aleksandr Vladimirovich Mostovoi la ilusión ya fue máxima. Recuerdo su primer control y como dejó sentado en el área a un defensa del Betis, recuerdo la sensación de esperanza y de regocijo, como tantas emociones que me ha dado este ruso de San Petersburgo, da carácter indomable, taciturno, difícil. Parecía siempre o enfadado o triste como lo estaba su conciudadano Rodión Románovich Raskólnikov en sus soliloquios paseando a orillas del Neva.

Por eso también los grandes recuerdos de Mostovoi en el Celta son también recuerdos cargados de un punto de frustración, de nadar hasta morir en la orilla. Como aquel gol en la final de copa en Sevilla, deshaciéndose de rivales, llevándose los rebotes y definiendo como los grandes, los breves minutos en que creímos que por fin esa maldita copa vendría a casa.

Pero hemos de celebrar, y hubo un día que todo salió. Aquella noche en que la Real Sociedad de Valery Karpin, el contragafe, vino a pelear la Liga a Balaídos. Dos goles de Mostovoi y uno de Mido, nos dieron la ansiada participación en Champions que llevábamos años buscando. Dos goles y un partido soberbio, como era habitual los días grandes, remates, apariciones por el centro, ayudando a construir mutando continuamente posiciones con un 9 con el que apenas jugó 8 partidos pero con el que se entendió como si llevaran toda la vida juntos.

Un sueño que un tipo así jugase en esta casa, un futbolista descomunal, con el ansía y la rabia cargadas por las derrotas, hambriento e iracundo ante las decepciones, nuestro quijote eslavo siempre veía castillos y conspiraciones, nuestro héroe maldito cuya historia en Vigo acabó con el romance herido y agotados ambos del otro. El más grande que ha vestido de celeste si no existiese un extraterrestre al otro lado de la ría.