Cinco años después de ser reconocida su oficialidad, el Camino Portugués de la Costa sigue sin señalización a su paso por Vigo. Hosteleros y comerciantes hacen frente común asumiendo como propia la responsabilidad de guiar a los peregrinos en su viaje a Compostela ante la decisión del Concello de vetar la señaléctica oficial. Las flechas amarillas del Camino ayudan a generar ingresos, pero en Vigo están “prohibidas”
Es la ciudad más importante que atraviesa el Camino Portugués de la Costa y la única de Europa que no cuenta con la señalización oficial. Una situación absolutamente anómala que convierte en recurrente la imagen de cientos de peregrinos perdidos por el casco urbano. Y mientras Vigo se reivindica como ruta oficial, el Concello mira hacia otro lado.
Cinco años después de ser reconocida su oficialidad, los 17 kilómetros del trazado vigués siguen sin explotar su distintivo como vía de peregrinación, ignorando así no solo la dimensión cultural y patrimonial del Camino de Santiago, también la económica: más de 300 millones de euros anuales de gasto. Un negocio del que Vigo se borra quizás para no contribuir a un éxito que entiende que es solo de Compostela y no de toda Galicia. Un error que cuesta dinero a los vecinos de la ciudad.
En términos de PIB, la celebración del último Año Santo (2010) supuso para Galicia un incremento del 0,5 por ciento, superando en tres décimas el crecimiento del conjunto del país. Ahora, tras un año marcado por la incertidumbre derivada de la pandemia, la relajación de las restricciones determinantes en la lucha contra la covid-19 y la apertura progresiva de la movilidad, abren todo un abanico de posibilidades para hacer de este atípico Xacobeo 21-22 uno de los mejores. Así, once años más tarde las expectativas apuntan a un incremento del 0,9 por ciento del PIB y la creación de 11.500 puestos de trabajo a tiempo completo. ¿Puede permitirse Vigo permanecer ajeno a este fenómeno? Puede, pero no debe.

Establecimiento de Vigo con la señalización de la ruta jacobea. 
Local de la ciudad con la flecha del Camino de Santiago.
Las previsiones que se tejen sobre el sólido convencimiento de que a medida que avanzamos hacía una ansiada normalidad pronto se recuperen las cifras de récord registradas en 2019, hasta llegar a superar la barrera del medio millón de caminantes. Un filón para el Camino Portugués de la Costa, que con 22.292 peregrinos se anotaba el mayor incremento porcentual de entre las rutas jacobeas, llegando a superar junto al tradicional Camino Portugués la cifra de los 95.000.
Datos que reflejan que el Camino de Santiago no solo funciona como embajador de la marca Galicia, sino que tiene un impacto directo sobre la economía de las localidades que atraviesa, como lo es en el caso de Vigo. Así lo determina el Estudo do Impacto Socioeconómico do Camiño de Santiago elaborado por la Universidad de Santiago de Compostela en 2017 que recoge entre sus conclusiones que los peregrinos suponen el mismo impacto que 2,3 turistas tradicionales. Mayor es este si cabe hablando en términos de empleo, ya que cada euro de gasto del peregrino es hasta un 18 por ciento superior. En resumen, el peregrino dedica un mayor porcentaje de su gasto a bienes y servicios, incrementando los beneficios de la economía local, mientras que el turista convencional lo hace en transporte.
Otro informe, en este caso de la Federación de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago que lleva desde 1993 analizando el impacto económico de los peregrinos estima en 200 euros el gasto medio por persona atendiendo a su último estudio. De este modo, cruzando los datos con el número de peregrinos que en 2019 recorrieron el Camino Portugués de la Costa, la cifra de gasto se asomaría a los 4,5 millones de euros. Podrían ser más, pero el Concello vive de espaldas a esta realidad porque entiende que el turismo jacobeo sobra en una ciudad que parece aspirar a vivir turísticamente hablando de las luces de Navidad.
Por tanto, tan difícil es no reconocer la dimensión económica del Camino de Santiago como entender que ni el Xacobeo ni el Camino Portugués de la Costa formen parte de la agenda municipal. Una oportunidad a la que comerciantes y hosteleros vigueses no han querido dar la espalda asumiendo como propia la responsabilidad de guiar a los peregrinos en su viaje a Compostela a través de los distintivos en sus escaparates. Una llamada de atención a quien priva a los peregrinos y a los negocios de los beneficios que supondrá este doble Año Santo, conscientes del importante papel que jugará en la reactivación económica de Galicia y como catalizador para la recuperación turística.
Al Concello no se le pide que haga, pero al menos sí que deje hacer. Y el hecho de que tenga establecido un veto a las inofensivas flechas amarillas que guían el caminar de los peregrinos refleja una forma de entender (o de no entender) el Camino. Para el equipo de Gobierno es una amenaza, no una oportunidad. Y esa falta de visión resta oportunidades empresariales, económicas y laborales a una ciudad que no está como para desaprovechar ningún espacio de crecimiento.



