Vigo, paraíso Okupa

Más de 40 inmuebles okupados, la mayoría de ellos situados en zonas muy céntricas, restan lustre a la primera ciudad de Galicia

Si los vigueses pasamos por la Porta do Sol, por el kilómetro cero de Vigo, por una de las plazas más viguesas que hay con el Sireno como vigilante perpetuo, por la plaza en la que se celebran los actos más vigueses, por la plaza que conecta el Casco Vello alto con el bajo, en definitiva por uno de los enclaves más destacados de Vigo, pues no pasará desapercibido un edificio ubicado en Abeleira Menéndez, con fachada a Porta do Sol. Es un inmueble de cuatro plantas, antiguo, pero con unos inquilinos que habían elegido el centro de Vigo para asentarse. Hasta hace unos días se trataba de un edificio okupado, en el que los problemas de convivencia en el vecindario eran habituales: trapicheo de droga, ruido… Los okupas hasta lanzaban excrementos por las ventanas y los vecinos no aguantaban más. Por fortuna, hace unos días sus propietarios pudieron desalojarlo y recuperarlo, aunque, eso sí, lleno de destrozos.

El de Abeleira Menéndez no era el único inmueble okupado en Vigo. Hay más de 40 en estas condiciones, la mayoría de ellos situados en zonas muy céntricas que restan lustre a la primera ciudad de Galicia. Los vecinos se han visto obligados a incluir entre sus rutinas cotidianas las llamadas continuas a la policía local, y la queja y la protesta es el único resquicio que le queda a una sociedad hastiada. Vigo no puede meter debajo de ninguna alfombra una realidad perturbadora, y que es la ciudad de Galicia con mayores índices de okupación.

Son contados los barrios libres del problema de la okupación: O Calvario, As Travesas, Castrelos, Torrecedeira, O Freixeiro, Ramón Nieto… y así podíamos seguir hasta 42 casos hoy cuantificados. Y, por desgracia, no sabemos si estamos más cerca de ver crecer ese número que de verlo disminuir.

Detrás de cada edificio okupado hay dos problemas. El primero, el que afecta al propietario cuyo bien está ilegítimamente usurpado. El segundo, para un vecindario que cuando eligió un hogar en el que instalarse no contaba con los comportamientos incívicos de quienes creen que las normas de convivencia que nos hemos dado entre todos no van con ellos. Nadie debería verse abocado a los problemas de inseguridad e insalubridad que los okupas generan, y por tanto convendría que las administraciones dieran una respuesta contundente a este asunto.

Vigo es una ciudad solidaria que tiene sensibilidad hacia quien no tiene nada, hacia quien lo ha perdido todo. De hecho, es mucho más solidaria que sus propios presupuestos en materia de política social, porque frente a los 19 millones que destina Vigo a la ayuda a quienes más lo necesitan, Coruña destina 29. Somos la ciudad más grande de Galicia pero no la más solidaria, y eso también debería llevarnos a una reflexión en un momento en el que la Covid-19 ha azotado los bolsillos de muchos vigueses. ¿Están los servicios públicos en Vigo a la altura de las necesidades de esas personas que hicieron ciudad con su trabajo pero que, ahora, se sienten poco atendidas por las herramientas públicas de su municipio?

Sin embargo, tener esa empatía social con los que menos tienen no debe apartarnos de otra realidad ligada a la okupación. Muchos de los que participan de este modo de relación social lo hacen desde una concepción rupturista con el sistema. Trabajar, cotizar y pagar son verbos de la primera conjugación que, puestos a conjugar, conjugan poco.

¿Y qué más podría hacer nuestro alcalde? Desde el punto de vista urbanístico, hay que elaborar un catálogo de inmuebles, edificios y naves industriales vacías, obligando a los propietarios a tapiar y cerrar puertas y ventanas. Y si el propietario no lo hace, que lo haga el Concello repercutiendo el gasto al propietario.

Y desde el ámbito de seguridad, el Ayuntamiento tiene que elaborar un protocolo, como ya hay en otros ayuntamientos, para que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad actúen coordinadamente para evitar nuevos casos de okupación y terminar con los ya existentes. Con el catálogo de edificaciones vacías a disposición de las Fuerzas de Seguridad, estas podrán hacer un seguimiento y evitar que se lleguen a ocupar.

Nada de esto pasa en Vigo. No hay ningún control por parte del alcalde. Los vecinos se quejan y nadie les hace caso. La concejala de Política Social hace como que no ve nada. Pero, mientras, los ciudadanos nos sentimos desprotegidos y vemos en un piso vacío en nuestro propio edificio una amenaza por lo que pueda pasar.

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