Victoria en 120 segundos

Brais y Mina celebran el primer gol. Foto: RC Celta

El Celta se impone al Espanyol 3 a 1 en un partido que encarrilan Mina y Iago con sendos goles en los dos primeros minutos de cada parte

En ’60 segundos’ Randall ‘Memphis’ Raines vuelve a su antigua vida criminal con el objetivo de redimir a su hermano. Para ello debe robar 50 coches de lujo en una noche; el último, el mítico ‘Eleanor’, un Ford Mustang del 67 que permanece desde entonces en un rinconcito de memoria de una generación. Un hurto para el que apenas dispondrá de esos 60 segundos. Espacio temporal muchas veces suficiente. En poco más, en 120 segundos de reloj, el Celta despacha al Espanyol en cada parte, en cada tiempo que se resume en ese pequeño suspiro. Un soplo de vida para despedir el año.

Primero es Mina, en el arranque, que controla de taco para girarse y descargar sobre Iago, que devuelve en el momento preciso al 22. El segundo control, tal vez malo, se hace bueno al cruzar a Sergi Gomez en carrera antes de definir con la derecha. Poco más de dos minutos y la hinchada, en otra noche fría de liturgia pagana, de viernes a las nueve de la noche, comienza a soñar con lo imposible, con una victoria en casa, con algo que no sucede desde el 27 de septiembre.

En el segundo tiempo es Iago, que controla en el lateral derecho del área observado con tibieza por Cabrera, que le concede un par de segundos para pensar, para imaginar, para ponerla de rosca al palo largo, imposible para la estirada de Diego López. Otra vez apenas 120 segundos. Tiempo suficiente para amarrar una victoria.

Antes y después, durante el resto de los 5.400 segundos que dura cualquier choque, pasan cosas, pero no tan trascendentes, no tan decisivas. ‘Eleanor’ ya ha vuelto a casa, el resto es paja, atrezo de un escenario previsible que termina de adornar Denis en el 81.

La jugada nace una vez más de las botas de Iago, otro nivel de futbolista que nos ha dado los mejores años de su vida sin ser correspondido. Al menos en lo que a nivel de competitividad del equipo se refiere. Culpa de todos y de nadie, como sucede con Denis, que al parecer sobra porque al Celta le sobra gente capaz de culminar con pausa la jugada de Iago, que se gira sin esfuerzo, como si fuese fácil, y abre a Mallo. Su centro lo controla el de Salceda con calma, sin nervios, antes de alojarla en el fondo de la red.

Es la culminación de un relato bien llevado, de un Celta que empuja y quiere más. Antes del gol de Denis la tiene Brais, en una jugada majestuosa, con sombrero, bicicleta y zurdazo rozando el palo diestro. O la tiene Iago, tras pase de Mina, que cae a banda para asistir al diez, que la revienta salvando Diego López.

Y antes de todo esto, mucho antes, al filo del descanso, la tuvo el Espanyol. Un hueco en el monólogo que puede cambiar el resto de la historia. La única jugada en la que Raúl de Tomás esquiva a Aidoo, se gira y descarga hacia la banda, desde donde la pelota vuelve a Puado, sólo en el punto de penalti. El tiro, fuerte, abajo, con rosquita, encuentro los dedos milagrosos de Dituro, que, como todos, vuelve a casa por Navidad.

Nada puede hacer el meta argentino en la última jugada del año: un chut de Loren desde 35 metros, de primeras, que coge a la hinchada y al equipo en otra cosa. En el festejo de la segunda victoria en casa en esta liga, en el reencuentro con el triunfo como local casi tres meses después. Y todo, absolutamente todo, se condensa en apenas 120 segundos. Tiempo más que suficiente.