VH al tema: Hoy «Pandora» de Parkway Drive

Hay discos que anuncian desde el primer minuto que una banda tiene algo diferente. Killing with a Smile, debut de los australianos Parkway Drive, fue uno de ellos. Publicado en 2005, convirtió a cinco jóvenes de Byron Bay en uno de los nombres que acabarían definiendo el metalcore de toda una generación.

Y dentro de aquel álbum hay una canción que resume especialmente bien lo que era Parkway Drive entonces: «Pandora».

No es el tema más conocido de su carrera ni necesita serlo. Sus casi cuatro minutos contienen buena parte de los elementos que hicieron enorme a aquella primera etapa del grupo: guitarras afiladas, melodías capaces de aparecer en medio de la violencia, cambios de ritmo constantes, breakdowns construidos para derribar una sala y la voz de Winston McCall completamente entregada a la intensidad.

«Pandora» ocupa el tercer lugar del disco, justo después de «Gimme A D» y «Anasasis (Xenophontis)», cuando Killing with a Smile ya ha dejado claro que no piensa conceder demasiado descanso.

Pero aquí aparece algo más.

Cuando todo empieza a derrumbarse

La letra de «Pandora» dibuja un escenario oscuro, casi apocalíptico. Habla de calles vacías, de recordar unos días que parecían mejores, de sueños desaparecidos y de contemplar cómo un mundo conocido comienza a desvanecerse.

No hay una historia explicada de forma literal. Parkway Drive utiliza imágenes de destrucción, pérdida y culpa para transmitir la sensación de encontrarse ante las consecuencias de decisiones que ya no pueden deshacerse.

Una de las ideas más potentes de la canción enfrenta la vida de miles de personas con la decisión de una sola. Basta un gesto, un interruptor, para que aquello que parecía estable se venga abajo.

El propio nombre, «Pandora», parece inevitablemente conectado con esa idea: abrir algo cuyas consecuencias ya no pueden volver a encerrarse.

Musicalmente ocurre algo parecido. La canción avanza acumulando tensión, alternando riffs melódicos con golpes mucho más pesados hasta desembocar en algunas de esas rupturas rítmicas que ayudaron a convertir a Parkway Drive en una referencia del metalcore de mediados de los 2000.

No hay grandes artificios ni una producción exageradamente pulida. Hay urgencia.

Y precisamente ahí está buena parte de su encanto.

«Killing with a Smile»: hacerlo bien o no hacerlo

Para entender «Pandora» hay que entender el disco al que pertenece.

Parkway Drive se había formado apenas un par de años antes en Byron Bay, una pequeña localidad costera australiana mucho más asociada al surf que a una futura potencia mundial del metal.

Después de sus primeros conciertos, un split compartido con I Killed the Prom Queen y el EP Don’t Close Your Eyes, llegó el momento de grabar su primer larga duración.

Y tomaron una decisión bastante ambiciosa para una banda de su tamaño.

Querían trabajar con Adam Dutkiewicz, guitarrista de Killswitch Engage y productor de varios de los discos que ellos mismos escuchaban. En lugar de asumir que aquello estaba fuera de su alcance, simplemente contactaron con él.

Dutkiewicz aceptó.

Parkway Drive reunió dinero procedente de la venta de camisetas, pidió ayuda económica a sus familias y viajó desde Australia hasta Massachusetts para grabar en los Zing Studios.

Tenían solamente dos semanas.

Lo que inicialmente parecía tiempo suficiente terminó convirtiéndose en jornadas de hasta doce horas para conseguir terminar el álbum. Años después, Winston McCall recordaría aquellas sesiones como un momento decisivo para comprender cómo debían construir sus canciones.

Hasta entonces, la propia banda reconocía que tendía a acumular riffs uno detrás de otro. Adam Dutkiewicz les enseñó algo aparentemente sencillo: si un riff funciona, no hay necesidad de abandonarlo inmediatamente para demostrar que tienes otro preparado.

Había que dejar respirar las mejores ideas.

El resultado fue Killing with a Smile.

Un debut que ayudó a definir una época

Once canciones y menos de cuarenta minutos.

«Gimme A D», «Anasasis (Xenophontis)», «Pandora», «Romance Is Dead», «Guns for Show, Knives for a Pro», «Blackout», «Picture Perfect, Pathetic», «It’s Hard to Speak Without a Tongue», «Mutiny», «Smoke ‘Em If Ya Got ‘Em» y «A Cold Day in Hell».

Prácticamente no hay relleno.

El disco reúne muchos de los ingredientes que terminarían convirtiéndose en señas de identidad del metalcore de aquella década: riffs de guitarra heredados del metal, estructuras procedentes del hardcore, enormes breakdowns y una producción suficientemente clara para que cada golpe tuviese peso.

Pero Parkway Drive aportaba algo especialmente físico a esa fórmula.

Era música que parecía escrita pensando en lo que iba a ocurrir delante de un escenario.

No sorprende que buena parte de la reputación inicial del grupo naciese precisamente de sus conciertos. Antes de llenar pabellones y encabezar grandes festivales europeos, Parkway Drive estaba tocando en centros juveniles, pequeñas salas y espacios donde prácticamente no existía separación entre la banda y el público.

Killing with a Smile fue el disco que trasladó aquella energía a una grabación.

Debutó en el número 39 de la lista australiana de álbumes, terminó obteniendo la certificación de oro en su país y abrió el camino para que la banda comenzase a salir de Australia. Un año más tarde llegaría su publicación internacional a través de Epitaph Records.

Después vendrían Horizons, Deep Blue, Atlas, Ire, Reverence y Darker Still. Llegarían escenarios cada vez mayores, producciones gigantescas, fuego, estadios y una evolución musical que llevaría a Parkway Drive hacia territorios progresivamente más cercanos al heavy metal.

Pero antes de todo aquello estaba esto.

Cinco músicos jóvenes, dos semanas en un estudio al otro lado del mundo y unas canciones construidas alrededor de guitarras, breakdowns y una enorme necesidad de sonar tan grandes como fuese posible.

Volver a «Pandora»

Escuchar «Pandora» más de veinte años después tiene algo especial precisamente porque permite encontrarse con Parkway Drive antes de que supiesen hasta dónde iban a llegar.

No hay todavía una banda pensando en encabezar festivales para decenas de miles de personas.

Hay hambre.

Hay velocidad.

Hay riffs que parecen precipitarse unos sobre otros y un Winston McCall cuya voz transmite la sensación de estar intentando atravesar físicamente la canción.

Y cuando llega el tramo final, «Pandora» hace exactamente lo que se espera de aquel Parkway Drive: aumenta la tensión hasta convertirla en puro impacto.

Quizá Killing with a Smile no tenga todavía la monumentalidad de algunos de los discos que llegarían después. Tampoco la necesita.

Su fuerza está precisamente en escuchar a una banda encontrando su sonido mientras lo toca con absoluta convicción.

Hoy ponemos «Pandora», de Parkway Drive.

Pero si después quedan otros cuarenta minutos libres, merece la pena hacer algo mejor: empezar Killing with a Smile desde «Gimme A D» y dejarlo llegar hasta «A Cold Day in Hell».

Porque algunos discos debut no presentan simplemente a una banda.

Anuncian todo lo que está a punto de ocurrir.