Veinte minutos para celebrar la Pascua

Iago y Nolito se abrazan tras uno de los goles. Foto: LaLiga

El Celta despacha al Alavés a domicilio (1-3) con goles de Nolito, Iago y Mina en el primer tramo del encuentro, y un segundo tiempo disciplinado tras la expulsión de Murillo en el 54′

Es domingo y es Pascua. Cosas del fútbol en tiempos de Covid. Un calendario digno de loquero, que conduce, sin pausa, machacante y perezoso, del España-Grecia del Domingo de Ramos, al Alavés-Celta de este de Resurrección. En el medio, incluso, porque aquí hay tiempo para todo, una final de Copa. Y en el caos de la pandemia y de los días, un Celta exuberante en el inicio; la vuelta del ‘Chachismo’ primitivo: presión alta, ritmo, verticalidad… y goles. Muchos goles. Tres en apenas veinte minutos. Suficiente para despachar a un Alavés colista y desquiciado.

El primero corre a cargo de Nolito en la mejor jugada colectiva. Todo se inicia en la presión alta, en una recuperación amarrada a un toque rápido de Denis, seguido de un centro de Iago al primer palo, a donde acude Mina puntual y juguetón, abriendo las piernas para que la pelota llegue franca hasta el extremo andaluz, que remata sólo el cero a uno. Apenas 8 minutos han pasado.

En el 14′, otra recuperación tras pérdida de Pellistri permite a Nolito alzar la vista y ponerla suave y bombeada a la carrera de Iago, que acomoda el cuero con la derecha al tiempo que perfila el cuerpo para su zurda de seda. Cero a dos. Fácil, demasiado fácil.

Y cinco minutos después, una contra fulgurante, en la que Brais, jugándose la pierna, ejecuta el último toque decisivo, ese que rompe la defensa y deja a Aspas, bien acompañado por Mina, en carrera franca hacia Pacheco. En el medio sólo un defensor. Otra vez fácil, extremadamente fácil para el de Moaña, que filtra el pase en el momento preciso para que el delantero empuje el cero a tres.

Bienvenidos a la Pascua. Se acabó el duelo. De ahí hasta el final pasan muchas cosas sin que nada pase de verdad. Antes del descanso, la tiene el Celta en las botas de Mina y de Nolito, que estrella la suya en el palo izquierdo de Pacheco. Y ven la amarilla Aidoo y Murillo, los dos centrales, la única puerta a la emoción. ¿Y si expulsasen a uno?

Murillo no defrauda las dudas de la fiel hinchada celeste -siempre sufridora, siempre temerosa del azar, más si cabe en las tardes plácidas en las que la primavera despunta y la pandemia parece quedar atrás sepultada por los goles-, y a la vuelta de vestuarios, en el 54′, deja a los suyos con diez tras una entrada tardía y desmedida.

Pese a todo, una vez más, nada pasa. El equipo valiente y decidido se convierte en ordenado y machacón: dos líneas de cuatro y Iago como hombre boya, a la espera de una contra que no llega. Lo que sí que llega, al final, es el gol de Alavés, empujado por Lejeune tras una sucesión de caos y de rechaces en el área celeste. Tarde, demasiado tarde. Un epílogo digno del colista.

Hace no tanto, era el Celta el que navegaba esas aguas turbulentas. Hoy, cuatro meses después de la llegada del Chacho, el equipo afronta el último cuarto de LaLiga prácticamente ya salvado, octavo con 37 puntos, en una situación que no se recordaba en las últimas campañas. Fácil, demasiado fácil. Como la victoria de Mendizorroza: un delicioso roscón bajo el mediodía de Pascua.