Una buena siesta

El gran problema de las personas es el sueño. Antes de dormir, suspiramos derrotados para nosotros mismos un estoy agotado. Cuando suena el ruido ensordecedor e insistente despertador solo deseamos seguir durmiendo unos segundos más mientras nos arrastramos a por un café que nos estimule ínfimamente. Las primeras palabras que suplicamos siempre son un ¡qué sueño!, que se va repitiendo en distintos momentos del día cuando los quehaceres vitales nos dan una tregua y nos ataca la pereza.

El sueño, el verdadero drama que vivimos intentado esquivar de todas maneras posibles el descanso eterno del alma. Ironías de la existencia. Dormir, ese bien preciado impagable. Bien lo sabe la medicina con la abundancia de polisomnografías en pacientes que no descansan saludablemente para evitar consecuencias peligrosas. La vida es otra si la noche es plácida y la mente se relaja.  En Vigo lo saben bien, y por eso esta semana los peregrinos de la Costa de Portugal podrán reparar su fatiga de caminadores soñando con López-Chaves Meléndez, figura clave en la historia internacional del camino Portugués.

El sueño recobra fuerza en verano, con el calor adormeciendo con más ahínco nuestros sentidos. Nos levantamos para luchar todo el día contra nuestra tendencia a dormirnos en las situaciones más variopintas. Quién escribe ha superado la prueba de realizar cabecitas disimuladas en clase o en el transporte público, o dormir suavemente con el movimiento rítmico y dulce de las olas del mar. Pero seguro que el amalgama de situaciones exóticas para echar un sueño reparador es al menos de lo más creativamente humano.

Por ello vale la pena echarse una siesta cuando el calor veraniego quema, para así descansar la mente de nuestros miedos y preocupaciones y afrontar con ímpetu los vaivenes de la vida. Es fácil escribirlo, pero mucho menos vivirlo. En todo caso, es necesario ser precavido y estar alerta, no vaya ser que el sueño nos juegue una mala pasada, y nos deje rendidos en el sofá, y en lugar de apropiarnos de un televisor, nos regalemos unas noches para dormir en comisaría. Definitivamente, ahora que nace el sol de julio, para afrontar momentos trepidantes vale la pena dormir el tiempo necesario e ir absolutamente descansados y evitarse de esta manera un buen lío a base de situaciones embarazosas.