«Un tinglado que ha crecido tanto que hasta asusta”

La Liga Galega da Moto de Campo comenzó como una moneda lanzada al aire por un grupo de amigos. Ocho años después se ha convertido en un referente nacional capaz de reunir a más de 200 pilotos un fin de semana. Nos lo cuenta, Javier Quintas, uno de sus fundadores  

Devorado por los bosques que crecen a su alrededor, en un paisaje que se pinta verde sobre verde, Piñor lleva una vida entera tumbado en el corazón de la provincia de Ourense. Poco más de mil habitantes desconocidos para la inmensa mayoría del ‘gran público’, ese acostumbrado a consumir en masa todo aquello que se tercie. Hoy Piñor, sin embargo, ha saltado hasta los medios. De un lado, por haber visto multiplicada su demanda en la industria local de referencia: la de la fabricación de ataúdes. La pandemia, cosas del destino, paralizó la importación de cajas mortuorios desde China, y los empresarios locales se pusieron manos a la obra. De otro, y ya antes de la época del Covid-19, por La Liga Galega da Moto de Campo.  

“Nadie sabía dónde estaba Piñor. Pero hoy, cualquiera que tenga una moto de enduro sabe cómo encontrarlo. Es un sitio precioso”, cuenta con la seguridad de quien lo ha vivido Javier Quintas, uno de los impulsores de esta Liga.  

Pero vayamos por partes. Esta historia comienza en 2012. Y lo hace, como en la mayoría de relatos humanos, movida por el ingenio, el apremio, la necesidad o como quieran llamarlo. Lo cierto es que cualquier deporte de motor no resulta nunca demasiado asequible, y el enduro no es una excepción. La moto, su cuidado, los desplazamientos, la licencia… Una cadena de gastos antes de sentir la adrenalina en cada piedra, en cada pista, en cada tramo. 

Así, solo participar en una prueba del Campeonato de España son 100 euros para un día; 170, dos jornadas. A lo que hay que sumar los 500 euros para federarse al inicio de la temporada. En la Liga, las cosas son distintas: la inscripción es individual para cada carrera, y cuesta 68 euros. Una diferencia que compensa la participación que, en algunos casos, ha llegado a ser masiva.   

El inicio 

“Llevábamos tiempo planteando soluciones a la Federación, pero al final no conseguíamos avanzar”, prosigue su relato Quintas, que recuerda que fue un cambio normativo habilitado por el gobierno gallego el que les abrió las puertas de par en par. La nueva ley aceptaba competiciones no oficiales, interprovinciales y no federadas.  

En este escenario, un puñado de clubes gallegos -A Peroxa, Sprint, Randulfe, Cedeira, Cesures y Rois– decidieron organizar una carrera no federada. “La pusimos en un foro, y en cosa de diez días teníamos a más de 100 personas apuntadas que decían que se venían. Necesitábamos organizar todo, la carrera, las ambulancias, la seguridad… Pero ya no podíamos echarnos atrás. Había que hacerla como fuese. Cogimos los fondos de los clubes, pagamos los gastos previstos, y nos lanzamos”, detalla Quintas, que recuerda que se escogió Cedeira para una prueba en la que, finalmente, participaron 143 personas. Para que se hagan una idea, en una carrera federada apenas asisten un centenar. 

Desde entonces, la Liga no ha parado de crecer. Este año, sin ir más lejos, estaban previstas 16 carreras, cuando en 2019 se habían corrido 9. “Nos íbamos a meter en raid. Empezamos sólo como enduro, pero ahora metíamos ya otras especialidades”, prosigue la narración Quintas. 

Pero no sólo han aumentado las pruebas. El número de participantes tampoco ha parado de crecer. El año pasado se alcanzaron, de media, los 166 inscritos. Este, esa misma media se elevaba, en las dos primeras pruebas, hasta los 190; y Abegondo sumaba ya 205 inscritos cuando hubo que aplazarlo por el coronavirus… “Algunos van solos; otros, con la familia. Uno de los éxitos que tenemos es esa familiaridad. Hay competición, piques deportivos, chavales que quieren destacar un poco para lograr algún tipo de ayuda…”, detalla Quintas.  

Potenciar al aficionado 

Pero todo, como él mismo explica, en ese ambiente en el que se busca potenciar lo cotidiano: al que menos corre, al que apenas está ahora comenzando, al aficionado. “Hacemos las carreras, de la media, tirando para atrás. Tiene que acabar todo el mundo, sino empezaríamos a seleccionar al participante, y eso no va con nosotros”. 

De hecho, con el paso del tiempo se han ido puliendo los detalles. Al principio, era obligatorio participar los dos días. Ahora, cada uno se organiza a su manera. Algunos van los viernes a ver las especiales; muchos ya están allí el sábado.    

Poco a poco, la Liga se va convirtiendo en cantera de talento. En 2019, 14 chicos participaron en el Campeonato de España; un récord absoluto para Galicia. Y lo cierto es que el resto comienzan a mirar hacia estas tierras, porque mientras que el último Campeonato de España en Almería registraba 104 participantes, el fin de semana anterior la Liga reunía a 180 pilotos.  

“Es un tinglado que ha crecido tanto que asusta”, reconoce Quintas, escondiendo la profunda convicción de quien, con un grupo de amigos, ha sido capaz hasta de poner a Piñor en el mapa. Antes incluso que el coronavirus.