Un punto sin Iago

Brais celebra el gol del Celta. Foto: RCCelta

Celta y Eibar empatan en Balaídos con goles de Brais y Bryan Gil, en lo que supone el primer punto en este 2021 para los del ‘Chacho’ Coudet

Antes, una tarde cualquiera de domingo, gris y triste de otoño, las riadas de gente bajaban ansiosas hacia el campo. Balaídos se llenaba, y a veces, incluso, disfrutaba. Hoy no queda ni eso en este relato pandémico atorado por el Covid. Y así, sin gente en las gradas, que es algo así como quitarle alma al cuerpo, los partidos sin chicha no son nada: pues no tienen alma, y tampoco tienen cuerpo. El Celta-Eibar de hoy entra en esa categoría.

Lo mejor para los del ‘Chacho’ es que rascan un punto mientras ultiman la vuelta de Iago. El primero de este 2021. Lo peor, la efervescencia pasajera que parece haberse adueñado del equipo, convertido en una gaseosa, que pierde toda su fuerza tras abrirse. Como hace cuatro días contra el Betis, salió bien y decidido el Celta, encontrando un gol de Brais y un palo de Olaza en los diez primeros minutos. Luego, poco más.

Con el transcurrir del primer tiempo, el duelo se fue embarrando, y ese es el terreno preferido del Eibar. Aunque este año el Celta cuenta con un futbolista capacitado para esa guerras: Renato Tapia, el omnipresente. Cuando no rascaba un corte por aquí, ponía un cruce por allá o colocaba a un compañero, hasta el punto, literal, de llevarlo del brazo para evitar que los de Mendilibar sacasen rápido una falta. Y así, bajo el mando del peruano, el Celta alcanzó plácido la orilla del descanso.

En el túnel el ‘Chacho’ lo vio claro y cambió a un turco por otro: se fue Mor, entró Okay. Más pose para el centro del campo… En teoría, porque ya saben que el destino es como un niño indolente y caprichoso, y cuando el Celta comenzaba a dormir el partido, una pérdida infantil en la salida del mediocentro acabó con el balón en los pies de Muto, que bombeó un pase perfecto a Bryan Gil, que, también de modo perfecto por desgracia, empaló de primeras a la red. Casi cuarenta minutos por delante y todo como al principio.

De ahí hasta el final lo intentó el Celta más que el Eibar. La tuvo Mallo en el 58, tras un centro de Olaza. El capitán remató de cabeza medio en plancha, pero Dmitrovic sacó un pie majestuoso. Diez minutos después el guardameta armero cambiaría el pie por la mano para desbaratar una ‘picadita’ de Brais en el cara a cara tras pase filtrado por Nolito. Y el propio Brais, ya en el descuento, la tendría en un balón caído de rebote, pero su tiro, manso, acabó en las manos del portero.

Finalmente, reparto de puntos que deja al Celta en mitad de la tabla con 24, poniendo fin a tres derrotas consecutivas, y ya muy cerca de esa orilla, oasis, cielo o lo que quieran que se llama Iago Aspas. Próxima estación, Granada. Tal vez allí el genio de Moaña escriba otro relato, con un poco más de chicha.