Un punto en el Vietnam

Brais trata de superar la presión de dos futbolistas del Rayo. Foto: LaLiga.

El Celta empata a ceros contra el Rayo en Vallecas, donde nadie había puntuado hasta la fecha, tras un partido áspero marcado por la suplencia de Iago

La liturgia pagana de Tebas continúa el día de Todos los Santos a las seis y media de la tarde. Ya la noche oscurece Vallecas, medio vacío a tramos, comido por las obras: no hay nada más solitario que una grada silenciosa. Pese a todo, el resto del estadio empuja, aprieta, grita y enloquece buscando una victoria más, la sexta, la del pleno en casa. En frente el Celta se mantiene en pie.

Es una especie de Vietnam, un lugar donde las piernas se cruzan con la misma rapidez con que lo hacían las balas en aquella guerra inmortalizada hace ya tanto. La falta de espacio, la presión alta y las escasas ocasiones marradas, conducen al choque hacia el bostezo, hacia la nada, hacia el empate a cero despreciado por el hincha. Y pese a todo, es el primer punto del Celta en Vallecas desde el 96, el primero también en los últimos once partidos jugados contra el Rayo en Primera. Es en definitiva, salir vivo del Vietcom.

El duelo se resume en un párrafo, en una línea, en dos ocasiones y media, en noventa minutos sin tres pases seguidos. Sale bien el Celta, ordenado en la presión, y con la noticia en el banco: allá donde descansa Iago, otrora imprescindible, hoy suplente de rotaciones o de convicción. Lo cierto es que entra Galhardo en el inicio. Y eso, sentar a Iago, al capitán, al hombre que este año no acaba de mirarse en el espejo y reconocer al que ya fue, da casi para más que para lo que sucede en el resto del choque.

Poco a poco los del Chacho se diluyen y crece el Rayo, de juego directo, de envío largo y prolongación para saltar líneas y ganar la de fondo, donde algún carrilero eléctrico pone el centro buscando a Radamel, a Falcao, al hombre de la semana, que pudo venir, eso dicen, y no vino. Tal vez porque hubiese sido demasiado para Vigo. Tal vez porque en Vallecas pensó encontrar futuro.

Lo cierto es que es precisamente Radamel el que tiene la primera en una de esas prolongaciones de cabeza. Le cae el balón y un leve giro basta para romper la cintura de Araujo, que achica mal y defiende con la angustia de la vista, esperando que el remate no vaya dentro o encuentre la mano de Dituro. Sucede lo segundo, confirmando que el fichaje del verano ya estuvo aquí y se fue en un eterno peregrinaje futbolístico que lo condujo, finalmente, al Universidad Católica de Chile, de donde ha sido reclamado por el Chacho. La constatación de que para fichar bien no hace falta dinero ni glamour, sólo conocimiento del mercado. Lo más difícil, eso sí.

Al poco es Isi el que desde la misma posición y ante la misma falta de achique golpea con la zurda al palo corto. Dituro está ahí, aunque esta vez es el exterior de la madera el que escupe la pelota. Y al filo del descanso, Solari -que ha entrado por Mina, lesionado-, pone un centro de los suyos, fuerte y con rosca, que Galhardo acierta a rematar, salvando Dimitrievski.

Por desgracia, no es el anticipo de lo que está por venir. El segundo tiempo se espesa hasta igualarse, con la única salvedad de las tarjetas, desempolvadas ahora por Cuadra Fernández. En una contra provocado por un mal cabezazo de Araujo la tiene el Rayo, y vuelve a salvar Dituro. Y en una falta de Brais que sale demasiado centrada, la busca el Celta.

Hay cambios y más cambios. En uno de ellos, Iago sale al campo, con tiempo para encontrar otra falta en la frontal, que va bien pero golpea en la barrera. Ahí muere el partido, cesan las piernas y dejan de sonar las balas, como frenéticos zumbidos que aceleran el corazón del combatiente. Bueno para la guerra, malo para el fútbol. El Celta sale vivo del Vietnam, tres puntos por encima del descenso, y mira hacia adelante, hacia el sábado, hacia el Barcelona. Nadie sabe lo qué deparará el futuro, aunque sí que resultará más bonito de ver que lo de hoy.