El Celta empata en La Cerámica contra el Levante y rompe la racha de tres partidos seguidos sin marcar ni puntuar
Roger adelanta a los locales después de un penalti inocente de Nolito, y Carreira empata a los cuatro minutos en su segundo partido en Primera
Hay noches que se presuponen tediosos. Mucho antes incluso de que todo comience. Es lunes, es otoño, llueve y hace frío, y estrenamos estado de alarma. A la hora a la que se escriben estas líneas los españoles más retardados se recogen. El resto lo han hecho antes, empujados por el Covid o la desesperanza, o para ver al Celta y al Levante. Que de todo hay. Dos hinchadas fieles a las que les toca sufrir, empujando a dos equipos que llegan en descenso, con tres y cinco puntos después de seis jornadas. El Celta, por lo menos, rasca otro y sale del infierno. Por ahora. Y no sin sustos.
A fin de cuentas, como dijo Ancelotti una vez tras firmar otras tablas contra el Atlético, «este es el mejor resultado que podíamos obtener». Óscar, probablemente, suscribe hoy aquella frase. Y gracias. Porque el VAR, en el 93, hizo de las suyas anulando un gol a los locales por un fuera de juego posicional de Roger. El delantero granota estaba en una posición intrascendente, fuera de la línea de visión de Iván Villar, responsable último del tanto. Pero el VAR, sus ángulos, sus cloacas, su fútbol a cámara lenta, lentamente también prostituido, obró el milagro.
Antes de todo eso el Celta había merecido ese puntito. No más. Ya saben, «el mejor resultado que podíamos obtener». Y había descubierto un buen tesoro. Sergio Carreira. Lateral derecho. Apenas 20 años. Un gol y un palo en sólo dos partidos. Otros necesitan una vida para aportar tanto.
El gol del canterano llegó a los cuatro minutos de que se adelantasen los de Paco López en el 48. Un penalti tonto cometido por Nolito, hoy una especie de centrocampista interior pese a la edad -cosas de entrenador y de pizarras-, y transformado por Roger. Antes, en todo el primer tiempo, apenas habían sucedido cosas; nada digno que trasladar hasta este folio.
Creció el Celta tras el empate, que surgió de un buen centro improbable de Denis, al que no llego Santi Mina, y que acabó cazando Carreira en la otra banda. Por una vez, no hubo que recurrir a la chistera de Aspas para ver puerta. Otro motivo de esperanza. Quién sabe.
Al final, sin muchas más cosas que narrar, el partido llegó hasta el 93. Con esa última jugada en la que Dani López encontró la meta de Villar, que le abrió la puerta y le entregó las llaves sin hacer demasiados aspavientos. Por suerte, el azar, el capricho, el destino, o incluso el VAR, que es como una mezcla atómica de todo eso, decidió que Roger, metro y medio a la izquierda de la trayectoria del balón, interfería en la jugada. Un puntito que pone fin a tres partidos sin sumar y sin marcar, y que permite a Óscar tomar aire y al Celta dormir fuera de descenso. Algo es algo, pese a que el estado de alarma sigue ahí.

