Un arranque realista

Benítez dirigiendo un entrenamiento. Foto: RC Celta

Lejos ya del himno del centenario y de la llegada de Benitez, el Celta topa con su cruda realidad: esa que simplifica este deporte a algo tan básico como tener buenos o mejores futbolistas en cada una de las líneas

Corría el mes de julio tapando los rigores de la tabla; el ser humano olvida pronto todo aquello que desea, esos diminutos traumas que nos angustian y nos despiertan por la noche, entre sudores fríos que se alejan al abrir los ojos y comprobar que estamos vivos y seguimos respirando. Algo así le pasa al Celta cada año, engañado y engañándose a sí mismo con la ilusión impropia del tórrido calor de un buen verano, propicio a los amores de comparsa adolescente, que ofrecen mucho y prometen poco. Más bien nada. Amores que se extinguen con la llegada del otoño, cuando cada uno de esos tórridos amantes enfila la vuelta a casa, lejos de vacaciones y de playas, y en esa efervescencia juvenil descubre que otros amores, otras historias tórridas que bien merecen la pena ser vividas.

Lo sabe el Celta, que alimentó un amor fatuo y vacío al mismo tiempo, como de una cuarta dimensión inexplorable. Primero con Puchito y su Oliveira dos cen anos; después con la llegada de Benítez, que ha recorrido más de una vez el camino hacia el triunfo. El mismo Rafa que un su día, con Cannobio, pidió una mesa y le trajeron una lámpara. En Vigo añorará la lámpara. Porque pidió la mesa y le trajeron nada.

Y esa es la única realidad de este verano que apaga, allá lejos, en el pasado, el fuego adolescente del amor. Ahora ya no valen las oliveiras de cien años ni los títulos conseguidos por Benítez. Ahora sólo vale el fútbol, el amor de verdad, bien entendido, que necesita, para empezar a caminar, un puñado de buenos futbolistas. Esos que tuvo y ya no tiene. En dos veranos se fueron Denis, Brais y Gabri Veiga, y ha venido… ¿Quién ha venido? Esa es la pregunta que nadie se atreve a responder.

Porque 50 millones de euros después, adquiridos por la venta de los dos mejores canteranos que han pasado por A Madroa (o Afouteza) en años, excepción hecha de Iago, el panorama del medio campo celeste resulta desolador. Ni rastro del medio pedido una y mil veces por Benítez. Campos estaba muy ocupado con jornadas maratonianas en París. Ni rastro de orden, de mando, de jerarquía. Ni rastro de nada. Un equipo abocado a lo que sea capaz de inventar Iago con sus 36 primaveras, en papel de organizador de una nave a la deriva, a quien ya no alcanza para tapar todas las vías. La del gol queda en manos de Larssen y Douvikas. La de los laterales, ni se sabe, pese a la venta interesada de Galán y a la marcha, necesaria, de Hugo Mallo.

A mayores, al centro de la zaga ha llegado un central digno, y a la portería, por lo que se aprecia hasta el momento, un ex portero. Y en esas estamos, con 6 puntos de 27 posibles, uno de los peores arranque en cien años, con oliveiras o no de por medio, sólo empeorado por el arranque de la campaña 1943-44. Entonces se sumaron una victoria, dos empates y seis derrotas. Sólo un empate menos que este Celta, que iguala los inicios de Laureano Ruiz en el curso 1978-79, y de Luis Enrique, en la temporada 2013-14.

Tal vez sea un buen espejo para mirarse el del Celta del asturiano. Un Celta en el que jugaban, entro otros, Cabral, Augustro Fernández, Krohn-Dehli, Rafinha, Nolito, Mina u Orellana. Porque al final todo se reduce a eso, a la cruda realidad que simplifica este deporte a algo tan básico como tener buenos o mejores futbolistas en cada una de las líneas.