Tui y Valença se vuelven a hermanar

Retirada de las vallas metálicas que cerraban la frontera en el puente entre ambas localidades. Foto: Concello de Tui

Vecinos de ambas localidades cruzan el puente viejo de madrugada acompañados por sus alcaldes, haciendo visible la reapertura hoy de todas las fronteras con Portugal

Fue a las doce de la noche hora española. Sucedió sesenta minutos después en Portugal. Cosas de la diferencia horaria entre dos tierras separadas por el Miño y unidas por miles de relatos que se entremezclan. A esa hora -o a esas horas- los vecinos de Tui y de Valença do Minho recuperaron la vieja nueva normalidad; esa por la que transitan quienes están acostumbrados a cruzar a diario una frontera que ha permanecido cerrada durante meses.

«Un muro de Berlín», se quejan los alcaldes, levantado en pleno siglo XXI como consecuencia de la pandemia del coronavirus. Pero como todos los muros, también el de Berlin, se ha venido abajo. Ambas regiones, encabezadas por sus respectivos alcaldes, han celebrado esta madrugada la reapertura de las fronteras entre países vecinos, que se extiende hoy por todo el territorio nacional.

Previamente, y tras múltiples presiones de ambas partes, las administraciones hispana y lusa habían accedido a la apertura parcial, por horas entre semana, y con causa justificada, de los pasos de Salvaterra-Monçon, Arbo-Melgaço y Tomiño-Vila Nova de Cerveira. Hoy, por fin, ha abierto la ‘Raia’, con todas sus historias compartidas a través de ese viejo puente que, más que separar, une a Valença con Tui, a Galicia con Portugal.

«Será la última vez que esto ocurra», proclama Manuel Lopes, alcalde de Valença, con la convicción propia de quien quiere dejar atrás tres meses de clausura, que más han parecido «30 años». Lo hace, eso sí, desde la prudencia que demanda un virus que «está ahí» y con el que «hay que convivir».

Más duro ha sido Enrique Cabaleiro, alcalde de Tui, que considera que no se pueden «aplicar viejas recetas a nuevos desafíos», y que confía en que en caso de rebrotes se buscan soluciones alternativas que faciliten la vida y el trasiego diario de miles de familias. Aboga, para ello, por enfocar el conflicto desde una única realidad peninsular, esa que ahora, tras meses de encierro y de puentes clausurados, se siente como propia: «Nos necesitamos unos a otros«. Hoy, quizás, más que nunca.