Tarde intensa para paladear la permanencia

Murillo celebra su tanto ante Osasuna, en lo que podría ser su último gol como celeste. Foto: LaLiga

El Celta vence 2-1 a Osasuna con goles de Iago y de Murillo, y se sitúa noveno, doce puntos por encima del descenso con sólo quince por jugarse

Después de un fin de semana de tormenta, despunta la tarde plácida en el municipal de Balaídos, alejando alguna nube perezosa que se resiste al sol que despunta en un cielo y más azul que gris. Preludio de lo que está por suceder, de una nueva victoria del Celta ante un Osasuna intenso, que llega lanzado pero que termina por entregar lar armas ante la tropa decidida de los del Chacho, con más fútbol que resultados en las últimas fechas.

Hoy no. Hoy el equipo se impone dos a uno para paladear por fin la permanencia, y la hinchada -el fútbol es suyo, aseguran algunos desde sus poltronas en Nyon- lo celebra, incluso ausente, sabedora de dónde viene mientras que sueña a dónde va.

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Pero sea cual sea el objetivo, siempre hay que sufrir. Más en el siglo XXI, cuando los de la poltrona quieren inventar, innovar, modernizar, y así, terminan por prostituir el deporte más viejo y más sencillo del mundo, y tal vez por eso el más apasionante. Hoy se tiran líneas milimétricas que anulan un gol de Nolito con una línea roja superpuesta sobre otra azul, distorsionadas ambas, como el culo de Moncayola que marca la frontera entre el bien y el mal.

Esa misma frontera de las disputas aéreas, envilecida por el estúpido VAR, que condena a Iago a cometer una pena máxima que nunca sucedió, no al menos en el fútbol de esa hinchada a la que algunos recurren sólo cuando les viene bien; en el de toda la vida; en el del patio del colegio; en el de las canchas de tierra demacradas por la lluvia o recalentadas por el sol. El penalti permite a Roberto Torres recortar distancias cuando el Celta ya había hecho lo más difícil: cobrarse dos goles de ventaja.

El primero, en una contra para enseñar en las escuelas, con caño de salida en el pase de Nolito. La pelota, ágil, fluida, encuentra a Brais, a Denis y a Iago. Y en ese momento, la recurrente hinchada, siempre fiel, ya puede anticipar el desenlace: doble bicicleta para salir hacia la derecha y golpear, raso, al palo largo.

El tanto hace justicia a un Celta dominante, que la tiene primero en las botas de Kevin -cambio obligado por Mallo en el minuto siete-; luego en las de Brais; y más tarde en las de Santi, que se topa con el palo.

Al descanso, incómodo Osasuna hasta entonces, pese a que viene de victoria en victoria -el mejor equipo de la segunda vuelta excluyendo a los cinco de arriba-, Arrasate hace un triple cambio que modifica la cara de los navarros. Con ello, está cerca del empate por dos veces Budimir, antes de que el VAR anule el mencionado ‘no gol’ de Nolito.

Y justo cuando peor lo está pasando el Celta, Denis vota un córner y Murillo, imperial, se eleva sin miedo, directo hacia el balón, chocando en el aire con los dos centrales de Osasuna, a los que gana la partida y la pelota para poner el dos a cero.

Parece hecho, pero esto es Vigo, es el Celta y es el VAR, con el ‘penalti tecnológico’ descrito, que, por fortuna, sólo sirve para que la intriga se extienda sobre el césped en los últimos veinte minutos de partido. Al final, tres puntos más para certificar la permanencia, todavía con abril por concluir. Algo que la hinchada celebra porque, a diferencia de los grandes hombres que rigen su destino, ella tiene memoria y tiene alma, sufre, e incluso disfruta alguna vez. Hoy es el caso: el equipo duerme noveno, doce puntos por encima del descenso con sólo quince por jugarse. Felicidad tras dos años de agonía indescriptible.