Tarde de pereza y salvación

Iago, en un momento del partido. Foto: RCCelta

El Celta suma un punto en Granada en un partido que mereció llevarse, se dejó empatar en el descuento y con el que certifica, prácticamente, la permanencia

Los Cármenes se viste de gala para celebrar el día de la Madre, el comienzo de mayo, una jornada soleada que puede suponer un poco de aire en la agonía solitaria de la salvación. Un lugar, un escenario, un sufrimiento todavía reciente y conocido para el Celta, tantos años seguidos en Primera, tantas permanencias retardadas, tanto infierno que quema y que no mata.

No esta vez, no este año, no con el Chacho que, para bien o para mal, certifica virtualmente otra salvación con el mismo equipo que el pasado. Porque esa es la realidad de este Celta, que no crece, aunque tampoco baja.

No, al menos, después del empate a uno ante el Granada en una tarde de pereza, con gol de Aspas que bien pudo ser en propia puerta, tan talentosop como aciago el diez durante el choque, que encuentra el camino hacia Maximiano con la misma frecuencia con la que hierra en el remate. Sucede ya en el inicio, al poco de pasar los diez primeros minutos, cuando una cabalgada del genio se pierde en un chut con la derecha que se va rozando el palo largo.

Preludio de lo que está por venir, de todo aquello que se va a precipitar, de una ocasión detrás de otra que, de modo raro para él, no acaba de embocar hasta el 72, y gracias a Antonio Puertas, que empuja sin querer un balón con aroma de demasiado cruzado.

Antes y después, los 90 minutos son un ejercicio similar: de paciencia, contención y ocasiones falladas por el Celta; de impotencia, de miedo, de falta de ideas y de juego del Granada, que apenas tiene opciones claras. Una en el inicio, tras un error en cadena de Renato, de Aidoo y de Araújo que permite a Luis Suárez ganarle la espalda y golpear desde el punto de penalti ofreciendo a Dituro la parada al palo obvio. Dos, ya cerca del final, a la desesperada, cuando Arezo, en el área pequeña, remata de cabeza a las manos del portero argentino, y cuando Collado empalma una volea que el meta saca de su escuadra derecha.

Y el gol, claro, en el descuento, en un centro de Machís que no toca Milla, que no toca nadie, que mira todo el mundo y que cierra las tablas. Un empate que deja al Celta salvado virtualmente, con 9 puntos y goal average sobre un Granada que, contento por el empate en el último suspiro, pinta pese a todo mal. Como el Celta tantos años. No este por fortuna.