Susto o muerte en Balaídos

Mina pugna por un balón en un partido del Celta. Foto: RCCelta

El Celta suma una nueva derrota en casa contra el Athletic tras un error clamoroso de Aidoo que Williams materializa en el único gol del partido

A las cinco de la tarde la modorra acompaña el despertar de muchas siestas, aún soporíferas en la despedida de agosto, ya sacrificadas por el hincha fiel que busca la primera victoria de su equipo ante el Athletic. No aprieta el calor en un cielo a medio gas entre nubes y rayos, que tal vez sean de esperanza, en un Balaídos aún pandémico, presidido por una gran grúa roja que otea, desde Marcador, el devenir del partido y del eje de la zaga celeste, más propia de una cuadrilla de adolescentes disfrazados en la noche de Halloween, de puerta en puerta, preguntando, incansables, ‘susto o muerte’.

Así son los centrales de este Celta, siempre con la misma cuestión en cada cruce, en cada choque, en cada duelo: ‘susto o muerte’. Aidoo, pasada la media hora, responde ‘muerte’ tras girar al lado en el que pierde su ventaja y el esférico, ya en los pies de Sanset, que pone a Williams en carrera contra Néstor. Otra vez ‘muerte’: un latigazo seco al palo corto de Dituro. Cero a uno. Fin del partido todavía sin saberlo.

De nada sirve la presión a toda cancha de un Celta aún por madurar una pretemporada de verdad, las idas y venidas asfixiantes con la voluntad de asfixiar a los de Marcelino, las persecuciones, los centros, los intentos. Al final, esa condena a muerte ejecutada por Aidoo se impone a un equipo aún impotente, incapaz, de local, de tirar entre los tres palos en noventa minutos.

Unai Simón, de vuelta de la Eurocopa y de los Juegos, vive una tarde plácida en Balaídos protegido por sus centrales, por Vivian y por Íñigo Martínez, a quienes no le gusta Halloween, ni las estúpidas preguntas de chiquillos, ni el susto o muerte adolescente. Prefieren la contundencia en el despeje y la jerarquía en cada acción, antítesis del centro de la zaga de este Celta que, a las puertas de visitar el Bernabeu tras el parón de selecciones, suma un punto de nueve y un gol en 270 minutos.

No por la voluntad del ‘Chacho’, más ofensivo que el insulto en cada cambio, que acaba con tres defensas, con Mallo de central falso, con Solari de lateral derecho, con dos puntas arriba en el estreno de Galhardo, con Iago por detrás, todavía lento, todavía sin esa chispa decisiva que convierte lo ordinario en extraordinario.

Para recorrer el camino contrario, para ir de lo asombroso a lo usual, está la zaga celeste, pendiente de la posible llegada de Murillo. De ello dependerá el devenir de una temporada que amenaza con un péndulo en continuo balanceo: a un lado, susto, al otro, muerte. Quién lo iba a decir hace no tanto.