Sobre la sanidad, el Cunqueiro, y la paja en según qué ojos

El aparcamiento del Cunqueiro al poco de inaugurarse y antes de ser restaurado de nuevo.

«Lo único que ha hecho el Gobierno local en seis años de Álvaro Cunqueiro -sí, así de rápido pasa el tiempo-, es poner un parking que, a los pocos meses, era una cloaca bacheada, y que hubo que arreglarse de nuevo, pagando el rehecho con el dinero de todos, que tampoco sé si es público o privado»

No entraré a analizar los motivos de la crítica, el porqué racional o irracional que puede llevar a alguien a moralizar sobre la sanidad pública, cuando luego ese mismo alguien es atendido en el Cunqueiro, supongo que con la conciencia acallada al asegurar que es privado, tal vez por la factura que no paga.

Tampoco entraré en ese debate sobre el Álvaro Cunqueiro: me llega con haberlo ‘disfrutado’ cada vez que he tenido que acudir: urgencias y dos partos de mi mujer, muchísimo mejor atendidos -en medios materiales, que no humanos-, que en el Xeral, pese a que aquel era público y este es privado, al menos en teoría o en el relato que conviene construir. Porque el papel todo lo aguanta, ya me entienden.

Donde sí entraré es en la conveniencia o no de hacer según qué declaraciones. Y puedo entender y respetar que el alcalde de Vigo, Abel Caballero, considere que la ciudad no es atendida como él cree que debe serlo en materia sanitaria. Las formas, como siempre, son perfectamente discutibles, y puede que incluso un pelín populistas, porque hablar de “gestión calamitosa” por parte de un presidente y un conselleiro en una Comunidad que se encuentra entre las que mejores cifras arroja en contagios, muertes y vacunación tras 20 meses de pandemia, resulta, cuando menos, sospechoso

Lo que sí que no entiendo es esa facilidad para ver la paja en el ojo ajeno mientras que una viga destroza el propio. Porque es responsabilidad municipal dotar de accesos adecuados al Álvaro Cunqueiro -sea público, privado o medio pensionista-; incrementar la frecuencia de autobuses; evitar los colapsos matinales en la Avenida de Castrelos; poner aceras en Clara Campoamor; mejorar las calles de Beade que llevan al complejo; o iluminar la zona y los alrededores como Dios manda por las noches, si es que Dios todavía manda algo.

Lo único que ha hecho el Gobierno local en seis años de Álvaro Cunqueiro -sí, así de rápido pasa el tiempo-, es poner un parking que, a los pocos meses, era una cloaca bacheada, y que hubo que arreglarse de nuevo, pagando el rehecho con el dinero de todos, que tampoco sé si es público o privado.

Mientras tanto resulta fácil y sencillo animar a la gente a manifestaciones “lúdicas con cautela Covid” -esto tampoco tengo muy claro qué es cuando tantas cosas no están todavía permitidas-. Más complejo sería hacer bien el trabajo que uno debe. Aunque eso resulta mucho más difícil, y probablemente otorgue menos rédito.