«Decía Bill Shankly, el fascinante entrenador del Liverpool que comenzó a crear la mística de Anfied, que “un equipo de fútbol es como un piano: necesitas a ocho personas que lo muevan, y tres que puedan tocar el condenado instrumento”. En Vigo, el señor Pardo es de los que mueven el piano»
Provoca hasta lástima escuchar la última rueda de prensa del concejal de Fomento Javier Pardo, ejecutada por el conducto oficial. Ese que establece una ruta que comienza en un folio -imagino que tamaño din A4- que acepta servilmente el responsable de turno, sin salirse ni una coma de la idea definida sobre el blanco inicial, anticipo de la ausencia total de pensamiento.
Sólo así se entiende, desde la obligatoriedad de seguir la ruta planeada y desde el más elemental abandono intelectual al servicio del líder, que un ser humano vigués pueda afirmar, en plena vorágine de luces navideñas, que rechaza el informe remitido por la Xunta para la apertura de la Estación intermodal porque, entre otras cosas, “no permitiremos que colapse el tráfico de la ciudad”.
Sí, repito, para que todos ustedes lean lo que afirma el señor Pardo: “No permitiremos que colapse el tráfico de la ciudad”. Ese mismo tráfico que lleva colapsado más de un mes, sin que esto signifique, líbreme Dios, criticar las luces, que bienvenidas sean ayer, hoy, y siempre, porque igual de bienvenida es la Navidad.
Pero no, señor Pardo, ustedes no pueden permitir lo que ya han conseguido con creces: el caos más absoluto, el horror, la imposibilidad de moverse en hora punta, la aberración de ver vehículos aparcados en una gigantesca fila a la entrada del túnel de Beiramar sin observar ninguna grúa pese a que, también afirma el señor Pardo, en referencia al supuesto Plan de Tráfico navideño y a su incompatibilidad con la apertura de la estación de autobuses -que también tiene delito el tema- “se multará a quien incumpla la norma”.
A fin de cuentas, como buen jugador de equipo, sólo hay que afirmar lo que otro quiere. Decía Bill Shankly, el fascinante entrenador del Liverpool que comenzó a crear la mística de Anfied, que “un equipo de fútbol es como un piano: necesitas a ocho personas que lo muevan, y tres que puedan tocar el condenado instrumento”. En Vigo, el señor Pardo es de los que mueven el piano, mientras que el alcalde toca su melodía con pasión, le pese a quien le pese y pese lo que pese el instrumento.

