Sin ayudas económicas del Concello a los comerciantes 400 cierres después

El alcalde no ha tenido a bien ni siquiera perdonarles el Impuesto de recogida de basuras como sí ha hecho con los hosteleros, discriminando así a un sector clave en la transformación de Vigo en los últimos años

¿Quién no recuerda aquellas tiendas en las que apuntaban con un lápiz todo lo que nos llevábamos y se fiaban de nuestra buena fe a la hora de pagar? Era el fiel reflejo de un sector en el que había una confianza mutua entre propietario y cliente que iba más allá del intercambio de bienes.

El comercio es un sector que ha tenido que reinventarse e ir adaptándose a los tiempos. De ese lápiz, a la caja registradora, el ordenador o los códigos de barras. De ahí, a la venta online. Los comerciantes no se han quedado atrás, al contrario, siempre modernizándose e intentando cumplir las expectativas, cada vez más exigentes, de los clientes.

Ahora bien, tras el duro confinamiento del año pasado, en el que los comercios tuvieron que cerrar sus puertas durante varios meses, acumulando así gastos y pérdidas, pero no ingresos, la administración local de Vigo, con el alcalde a la cabeza, no ha sabido estar a la altura, despreciando a un sector fundamental para la ciudad y clave para configurar la ciudad que somos en la actualidad.

Los comerciantes no sólo tuvieron que hacer frente al pago del alquiler de sus locales, sino también a pagos a proveedores y a los impuestos municipales, especialmente, al pago del recibo del IBI, de la tasa de recogida de basura, de abastecimiento de agua o los vados. Algo sangrante si se tiene en cuenta que, al estar cerrados, ni depositaron basura, ni consumieron agua ni subieron la verja. Es decir, sin ingresos, tuvieron los mismos gastos.

Llegados a este punto, de la administración más cercana, esto es el Ayuntamiento, se espera algo de empatía y de buena voluntad, sobre todo cuando el Concello tiene sin gastar 96 millones de euros de remanentes, de los que una buena parte bien se podían haber empleado en ayudar a este sector. Pues bien, no hubo ni empatía ni voluntad.

Primero se les dijo que se les retrasaría el cobro de los impuestos municipales. Una medida que no les ayudó en nada porque los recibos vinieron todos juntos. Y después se anunció una campaña de dinamización que consiste en celebrar conciertos para animar al consumo, pero la realidad es que estos conciertos se celebran de noche, cuando los locales ya han bajado la persiana.

De todas las demás medidas posibles, nada de nada. No se les ha eximido ni del pago de la basura, como sí ha hecho Abel Caballero con la hostelería, y no se les ha suprimido ni bonificado ninguna tasa. Empatía cero y, lo que es peor, ayuda a un sector que cada vez tiene una situación más complicada, cero también.

A todo esto se suma que Vigo es la única ciudad de Galicia en la que el Ayuntamiento no ha dado ayudas directas al comercio, algo que supone una discriminación con el resto y que, además, perjudica su competitividad.

No es de extrañar que muchas de las calles de Vigo parezcan vías fantasma, con locales que antes de la pandemia funcionaban a pleno rendimiento y ahora están cerrados. Se estima que en Vigo, en los últimos dos años, echaron el cierre 400 establecimientos. Una cifra desalentadora y que debería hacer reflexionar al alcalde y decidir si toma, de una vez, medidas que frenen esta sangría.