Septiembre

«Más descansados o no, más animados para recomenzar. O no. Cada uno cargando con su mochila particular a cuestas. Septiembre, todo muda pero nada ha cambiado. Todo ha cambiado pero todo sigue igual. Septiembre, todo ha mudado pero mi yo, no»

El tiempo cálido de septiembre invita a andar despacio. Respirar. Percatarse de lo maravilloso que nos rodea, escondido entre el silencio, extraño a nuestro ajetreo diario. Somos los de siempre, pero diferentes: quizá hemos conseguido esa pausa vital en agosto, dejando que los días muriesen a su libre albedrío; o tal vez no, obligados a correr frenéticamente para exprimir al máximo las vacaciones y rentabilizar el esfuerzo económico invertido. Tal vez en vacaciones nos hemos encontrado a nosotros mismos, tomando consciencia de lo que no nos ha gustado y decidamos valientemente empezar de cero radicalmente. 

Lo que sí es cierto es que en septiembre regresa nuestra vida cotidiana. Más descansados o no, más animados para recomenzar. O no. Cada uno cargando con su mochila particular a cuestas. Septiembre, todo muda pero nada ha cambiado. Todo ha cambiado pero todo sigue igual. Septiembre, todo ha mudado pero mi yo, no. Nada ha cambiado pero mi yo sí. Seguimos siendo los de siempre, pero diferentes. Matices que mejoran nuestra vida.

Nuestro entorno puede ayudarnos a abrir los ojos. Cuando más curiosos y despiertos tengamos el espíritu, seguro que se nos abrirán más posibilidades de pensar los hechos y aplicarlos en nuestra vida. Estos días de vuelta a la rutina laboral en que la nostalgia del descanso puede invadirnos, me topé con esa maravillosa noticia.

No hay que ser ingenuo: el mal y el dolor seguirán en septiembre. Somos los de siempre, pero podemos batallar para cambiar y ser mejores. Solo pido a estos días que vendrán tener la fuerza moral de este bravo ciudadano, capaz de interrumpir su paseo diario para luchar contra el martillo de las mil y una tragedias que nos empeoran como sociedad.