«Y cuando ya creen que lo han imaginado todo, pueden todavía imaginar algo más grande, soñar con el delirio, desapegarse de la tierra y la vergüenza, y figurarse que ese ex alto funcionario solicita el indulto. Sí, sí, por favor, no cejen de imaginar. Y atrévanse, den un paso más y conjeturen alguno de los motivos del indulto»
Imagínense, por un momento, que un familiar suyo, una cuñada o un cuñado, pongamos por caso, fuese contratado para desempeñar un puesto de trabajo en una de las empresas relacionados con el ayuntamiento. Hasta ahí, todo normal.
Pero imagínense a continuación que ese familiar, esa cuñada o ese cuñado, se pasa cinco años cobrando sin realizar ni una sola de las tareas para las que ha sido contratado o contratada. La imagen comenzará a producir cierto bochorno, incluso sin saber nada nosotros de por qué carajo fue empleado.
E imagínense también que, por este esfuerzo intangible, percibió 108.000 euros de dinero público -de ese que pagamos escrupulosamente usted y yo con nuestro IBI, nuestra tasa de basura, o nuestros coches-, sin, por supuesto, haber hecho nada. Intuyo que empezaríamos a ponernos colorados y demandaríamos, por lo menos, una mínima explicación.
Ahora den un paso e imagínense que todo esto sucede, porque efectivamente sucede, y que una de las protagonistas de esta historia -la que nada sabe de la contratación de su cuñada-, es un personaje público: en concreto la teniente de alcalde y presidenta de la Diputación de Pontevedra, Carmela Silva. Sospecho, ahora, que nos gustaría recibir algún tipo de explicación que nunca llega.
Pero sigan imaginando, que a fin de cuentas esto es gratis, no como contratar a una cuñada, e imaginen que un alto funcionario del Concello asume toda la culpa y es condenado a más de cinco años de cárcel por un delito de prevaricación y malversación de fondos públicos. Un fallo inapelable ratificado por el Tribunal Supremo. E imaginen que durante todo este proceso el alcalde no se pregunta en ningún momento dónde está ese dinero que usted y yo hemos pagado puntualmente con nuestros impuestos. E imaginen que tampoco se acepta la posibilidad de crear una comisión de investigación ni se da ningún tipo de explicación, ni de la contratación para un trabajo nunca hecho, ni de dónde demonios está nuestro dinero.
Y, aunque cueste, manténganse soñadores e imaginen que, con la venia de los grupos de la oposición, se celebra un pleno extraordinario en el que el portavoz del gobierno local zanja la cuestión afirmando que son “intachables, política y personalmente”, sin apuntar nada del dinero ni del empleo, por supuesto.
Y cuando ya creen que lo han imaginado todo, pueden todavía imaginar algo más grande, soñar con el delirio, desapegarse de la tierra y la vergüenza, y figurarse que ese ex alto funcionario solicita el indulto. Sí, sí, por favor, no cejen de imaginar. Y atrévanse, den un paso más y conjeturen alguno de los motivos del indulto. Sé que están cerca de la locura, pero háganlo, y traten de sospechar cualquier motivo como, por ejemplo, que ese hombre acuda a esta medida de gracia extraordinaria alegando, entre las causas, sus años de militancia socialista. La cuadratura del círculo, el culmen de la quimera: un socialista pidiendo un indulto a un gobierno socialista, por haber contratado a la cuñada de la presidenta socialista del Partido Socialista de Galicia, teniente de alcalde y presidenta también de la Diputación de Pontevedra.
Están ya sudando, agotados por el esfuerzo de este ensueño. Sin embargo, deben seguir, dar un último paso irracional, sobreponerse a la entendible falta de más imaginación, y volver a imaginar. E imaginen que, de repente, numerosas asociaciones de Vigo firman una carta, idéntica, para solicitar el indulto. Y que alguna de ellas afirma haberlo hecho sin saber qué diantres firmaba o, más sencillo, bajo coacción.
Deliran ya enfebrecidos. No pueden seguir imaginando porque todo esto resulta sencillamente inimaginable. Es imposible que suceda. Aunque quizá suceda. En Vigo, estas cosas pasan, y yo, que he pagado el IBI, el impuesto de circulación, la basura, la plusvalía y cuánto gravamen municipal me han puesto por delante en los últimos años, todavía no sé dónde carajo está mi dinero ni por qué a mi alcalde no le importa. Quizás sea más importante pedir firmas.

