Por José María Sendra.

Airbag es un grupo de Estepona de ritmos alegres y pocas intenciones en sus letras, a medio camino del punk y del indie patrio puede uno divertirse escuchándolos. En una de sus canciones piden a una chica que les salve del agujero negro en el que se han convertido sus domingos, plagados de mal cine y deportes minoritarios en la 2.

El 26 de enero después de que el Celta comenzase a notar su mejoría pero sin acabar de traducirlo en puntos ni goles ante el Eibar, andaba uno ya por la noche pensando en el lunes cuando descubrió que uno de los tipos que más había detestado en el mundo acababa de fallecer en un accidente de helicóptero.

Creo que nunca he visto jugar a Kobe Bryant deseando que ganase, y tengo la impresión de que nunca le he visto fallar un tiro. Aniquilando a todos los equipos y selecciones por los que he sentido empatía o a los que directamente animaba con devoción. El mejor villano posible, el tipo que más he detestado y uno de los deportistas que más me ha emocionado en dos décadas.

Atónito ante la noticia y triste, al borde de la lágrima casi, mi sabia esposa me dijo: ¡pero si ese tío te caía fatal!

Pasaron 14 días, abrace a desconocidos cuando Pione encontró la portería del Sevilla, volví a casa extasiado, cogí a mi hijo en brazos y le grité que la banda celeste había ganado, y él, desconocedor del veneno que le voy a inyectar haciéndolo de este equipo pareció alegrarse, porque siempre es bueno cuando eres un niño que tu padre este muy contento, porque poco más conoces.

E intentando volver a la cama y pensando en cómo dormir, y en cómo es posible que sea tan idiota para no poder dormir porque un gol de un refugiado de Sudan en Dinamarca saca de descenso a un equipo de fútbol, volví a consultar las redes sociales y otro golpe directo a la línea de flotación cayó, acababa de fallecer David Gistau.

En mi época universitaria, los lunes eran parte del fin de semana, recuerdo levantarme e ir directo a encender un cigarro, calentar un café y leer la columna que a Gistau le daban sobre deporte los lunes, porque era tan bueno haciendo lo que hacía que tenías que dejarle hacerlo como quisiera, y leímos su artículo descubriendo lo que significaba la paternidad, y todos los que somos padres recibimos una bofetada de realidad mientras asentíamos cada frase, cada párrafo, tengo que aguantar, tengo que estar aquí para ellos.

Y he tenido varias semanas en las que he podido reflexionar que si alguien me dice que no este triste por la muerte de Kobe, o por la pérdida de David porque no los conocía personalmente, puedo contestarle que se vaya al diablo, que llevo la mitad de mi vida disfrutando de ellos, odiándolos a veces, como voy a querer más al primo de Alicante o al tío abuelo que emigró a Uruguay.

Y así me afecta el Celta cada fin de semana, porque llega casi uno ya a la crisis de la mediana edad y el Celta siempre estuvo ahí. Y este domingo le pido a Oscar García que salve mi domingo, que continúe el equipo dándome estas buenas sensaciones, que apuntale nuestra retaguardia nuevamente y le pido por ende a la rodilla de Murillo que salve mi domingo.

Que los domingos siga dejando a Rafinha hacer lo que hace, porque es tan bueno haciendo lo que hace que tienes que dejarle hacerlo como quiere. Que siga Iago siendo ese Kobe en negativo, ese que es mío y al que nunca le he visto fallar un remate.

Que va hacer uno si la mayor parte de las veces que ha soltado lágrimas de alegría ha sido por el Celta, y para que engañarnos, la mayor parte de las veces que soltó lágrimas de tristeza también.

Así que cuando alguien os diga que algo os afecta demasiado, que unos desconocidos no pueden generar explosiones de alegría, o partiros el corazón con su adiós, recomendarles que busquen algo que salve sus domingos.

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