Saben que sabemos que nos mienten

«Todo este divagar con el que les he aburrido es una muestra del divagar vigués y celtista, lleno de falacias y vacío de pasión y enjundia. No tenemos drama del bueno, no tengo ilusión no tengo ganas de aburrirme, porque el Celta aburre»

El deporte es el mayor entretenimiento del planeta; el mayor y el mejor, a años luz del cine, del arte o de cualquier otra cosa que pueda usted pensar. Asumamos esto en el primer párrafo, tarde usted el tiempo que necesite. Piense si quiere en las subvenciones que no necesitan unos y que sostienen a otros, analice audiencias y dinero generado, sigamos.

El deporte es tan superior porque engancha, y engancha por el drama, por las personalidades,  por la capacidad de identificar los valores de cada uno con un equipo o un jugador. La capacidad de sorpresa, mayor o menor, pero latente, al fin y al cabo, por la emoción y adrenalina.

La última vez que vi una carrera de F1 entera Fernando Alonso corría en Ferrari; la anterior a esa Ayrton Senna estaba vivo. Este fin de semana no me pierdo el GP de Abu Dhabi así estalle la tercera guerra mundial.

Hamilton me parece un personaje detestable, y recuerden que no veo jamás ese deporte. Verstapen es un tipo con el que podría cruzarme en un pasillo y no me enteraría, pero hay drama en los Emiratos, avisos de juego sucio, villanos, tramposos, outsiders, personalidades imponentes, rivalidades, insultos, malos gestos, DRAMA.

El viernes el Celta ha hecho dormir a ovejas contando humanos en Mallorca

“Sabemos que nos mienten. Ellos saben que mienten. Ellos saben que sabemos que nos mienten. Sabemos que ellos saben que sabemos que nos mienten. Y, sin embargo, siguen mintiendo”.

Esta frase la pronunció Alexander Solzhenitsyn, escritor de archipiélago Gulag. El barbudo premio Nobel de literatura decía está frase hablando de la élite política mundial; yo al leerla esta semana pensé en el Real Club Celta, en la familia Mouriño, en Miñambres,  en los futbolistas de esta plantilla, en muchos opinólogos deportivos de la ciudad.

Los últimos años sin Iago casi no hemos sumado puntos, no hablemos de victorias. Desde la marcha de Berizzo el equipo ha deambulado por el precipicio hasta la calma chicha de la pasada temporada.

Los fichajes de esta temporada apenas han aportado, salvo Dituro, flojo también el último mes. De los del año de la Afouteza ni nos acordamos; de los del corazón el año que viene solo quedará Santi Mina, juzgado de Almería mediante; de ‘A nova partida’ se perdieron las vidas.

Tras finalizar el épico empate con el Barcelona, resonó el abrupto de Marian sobre un Balaídos al que sólo deberían ir los celtistas que ella considere. Llegó el nietito Carlitos, diminutivos necesarios para tan diminuto personaje, y se destapó al finalizar la victoria en Vitoria acusando a Denis de aprovechado, fariseo y de un rendimiento muy por debajo de sus posibilidades. Tras la derrota de la semana pasada, silencio ensordecedor.

Esta es la comunicación a la que aspira el Celta. Chistes de Nolito, goles pasados de Iago, y Beltrán poniendo cara de intensito, porque en el Celta no hay drama, no hay personalidades imponentes que te agarran a la pantalla, no hay villanos, hay corrección felicidad fingida cuando se pierde y colmillos afilados en la victoria, miseria moral.

Vigo esta semana sigue con sus atascos, con su Carmela Silva ascendiendo al tiempo que en los juzgados la mentan, con el PP enredado en avales y cuentas de débito, con el estadio sin acabar otro año más, otra mentira más.

Todo este divagar con el que les he aburrido es una muestra del divagar vigués y celtista, lleno de falacias y vacío de pasión y enjundia. No tenemos drama del bueno, no tengo ilusión no tengo ganas de aburrirme, porque el Celta aburre, mienten. Habla de buen juego habla de posesión, de merecimientos, de lights and the music habla Caballero. Y aquí es donde el joven holandés, el novelista ruso, y una parte de esta afición y de esta ciudad se juntan.

En la lucha contra la mentira establecida, enfrente de una crisis de valores disfrazada de la inútil política y la corrección, ahí estuvo Solnetzhyn, ahí está sin saberlo Verstapen, frente a la maquinaria británica que pide que no saque de pista a Hamilton sin pedir a Lewis lo mismo, permitiendo que los que consideramos nuestros esputen en nuestras tradiciones para luego reprochárselo, como hacen con Denis, como hacen con todos nosotros, para socavar nuestra confianza tapando corrupciones, siendo lo suficientemente cobardes para quejarse solo cuando los méritos ajenos tapan las vergüenzas propias, mintiendo aunque sepamos que saben que sabemos que nos mienten.