Regresar con arte

Regreso de las vacaciones agotado. Como todo padre que se ocupa de sus hijos. Me apasionan, pero desde marzo no nos separamos en las 24 horas intensísimas de vida familiar. Me estoy formando en eso de educar con respeto, cariño y firmeza hacia la prole, pero ya os aseguro que es imposible mantener siempre la calma y el sentido del humor.

Solo basta con observar alrededor para ver papás desencajados, sudando de pavor ante ojos infantiles desafiantes, lloros o gritos desconsolados entre cuerpos que se abrasan en la piscina del camping. O dramas en restaurantes. Maldita idea de ir a comer para despedir el verano, que al minuto de pedir mesa uno ya se arrepiente de montar un escándalo ante miradas incómodas de otros comensales. Estoy siendo hiperbólico, que me entusiasman mis hijos y me lo paso genial con ellos, pero dejadme consolarme a mí mismo para limar las innumerables veces que, como diría Marisa Madieri en su sensible Verde Agua, me siento incómodo o inepto en mi papel de padre y me parece que educo de forma descuidada, dejando escapar en vano estos preciosos años y días de convivencia con mis hijos… y claro, luego le voy dando vueltas al tarro cuando pienso que soy el peor padre del mundo lidiando yo, amarado de paupérrimas migajas de dignidad, contra las porfías constantes de la pequeña tribu, ante por ejemplo, las malditas heladerías con las que uno tropieza en verano y el deseo de los hijos en querer con obstinación un helado en absolutamente todas sin excepción.

Apelo, por ello, a vuestra comprensión, ante este septiembre incierto y terrorífico que se nos presenta, con la acuciante amenaza de riesgo de rebrote. Para animarme y ser aguerrido ante los que nos espera, me alegró al leer que Vigo contará con 16 nuevos murales urbanos, sumando la bárbara cifra de 84 obras colosales pintadas  por toda vuestra ciudad.

Quizá alguien se pregunte si es necesario tal derroche en tiempos de crisis como el que nos espera. Como Andrés Trapiello en su Ayer no más, pienso que el arte no solo es posible después de una tragedia, sino que el Arte es absolutamente necesario porque nos devuelve esa humanidad despojada por nuestras acciones diarias.

Otro tenue hilo une Vigo con mi carácter, y es que en mi pequeña ciudad se han celebrado ocho ediciones del Milestone Project, un festival de arte urbano contemporáneo (abro paréntesis porque justo estos días leo con tristeza y estoicismo que la edición prevista este mes ya ha sido cancelada por la retirada de la subvención municipal). Y es una pena muy honda porque como amante y aficionado del arte, os aseguro que mis calles tienen otro color, más alegre, más vivo, más lleno de alma con estos murales que decoran la vista. En estos momentos muertos que nos regala la vida, andando distraídos por la calle o parados en un semáforo, solo falta levantar los ojos, contemplar y fijarse en ese edificio bañado de color y percatarse de nuevos detalles. Y con el espíritu lleno de gozo, arrancar de nuevo el motor o sonreír a los transeúntes. Para mí, esos gestos que nacen de extasiarse con el arte son los que cambian el mundo.

Así que estos murales o la nueva escultura «Cíes/Vigo» en Samil más que convertirse en simples puntos selfies para fotografiar un rato, son un estilo de vida que enriquece el ser. Por eso, deseo que el nuevo arte de la ciudad os sorprenda y lo degustéis tanto como os sea posible. Cuando pueda explorar Vigo de nuevo, necesitaré vuestra mirada personal para entender vuestro arte y gozar un poco más de esa vuestra ciudad mía.